¡Qué clase!

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=S9LliZ3a7EI[/pro-player]Enciendo la tv por la mañana y brotó un partido que no esperaba: Arsenal-Boca Juniors, en el Emirates.

Apenas comenzaba el segundo tiempo y los ingleses estaban 1-0. “¿Estará Riquelme?”, fue lo primero que pensé. Román, por sí solo, ya me ata a la pantalla.

Justo en esos minutos Ramsey puso el 2-0, con una tremenda jugada de Vela por cierto. Y entonces se asomó. Juan Román, con la 10, como siempre, recibió un balón que regresó de primera intención. “Me quedo a verlo”, me dije.

Los de Londres dominaban el partido, como suelen hacerlo. Pase por aquí, pase por allá, pared, drible, otro toque… Muy a su estilo. Y Boca, nada, sólo carreras detrás de Nasri o Arshavin.

Pero en segundos se volteó todo, o mejor dicho, lo transformó Román. El Torero dijo basta y se adueñó de todo. A sus 33 años mostró todo el fútbol adulto que guarda y dio una clase de cómo jugar en la propia guarida de Arsène.

Aceleró el paso, pedía todos los balones y, desde ahí, ideó un partido que hasta unos segundos antes parecía imposible. Fue cuando Boca hizo del balón su patrimonio y de Riquelme su cacique. El 10 tenía más contacto con el balón y el juego de su equipo era más amplio, más profundo, más inteligente. Recibía pelotas y corregía su sentido, daba soluciones, seguridad, pericia y muchos balones de gol. Tanto así que desde sus zapatos salieron los dos pases que significarían el empate xeneize, primero con Viatri y después con Mouche. Todo ello, además, con una sobredosis de elegancia.

Llegó a tal punto el show de Juan Román que la tribuna gunner, muy habituada a ver cátedra de fútbol, comenzó a forjar un “oohhh” cada vez que el argentino repartía juego y, con un simple toque (simple para él, claro) dejaba a un compañero con panorama de gol.

Finalizó el partido 2-2 y los asombrados jugadores del Arsenal se peleaban por pedirle la camiseta a quien fue la figura de la cancha (¿Se la llevó Van Persie?) No era para menos, Riquelme hoy ilustró el concepto de el buen fútbol en una de las canchas construidas para ello. Genio.

Suerte que me topé con el juego. Más suerte aún, que jugó Riquelme.

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