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Eran otros los tiempos. En cualquier punto, en algún rincón donde se respirara fútbol, en las charlas, las discusiones y estadios se hablaba del ídolo. Lo máximo. En las retas todos peleaban la posibilidad de honrar su apellido por lo menos durante dos o tres horas de entretenimiento, diversión y desafío al pavimento.

Siempre los hubo. En mis tiempos, por ejemplo, la cuestión era ver quién se ponía la etiqueta de Hugo Sánchez (ya de salida), Hermosillo, Zague, Luis García, Campos, Marco Antonio Figueroa, Ramón Ramírez, Benjamín Galindo, hasta (ya muy reciente) Cuauhtémoc Blanco o Cardozo… que además de significar el orgullo, eran la real y completa diferencia entendida en el campo de fútbol. Se sabía, de antemano, que el boleto valía la pena por apreciar de lejos al uniforme multicolor del Brody, las zancadas inalcansables de Zaguinho, los goles del Fantasma, la clase del Maestro o el drible imponente de Ramón.

¿Dónde nos deja la “evolución”? No sólo hemos crecido, apreciamos desde otra arista al balón, sino que hemos heredado a otras generaciones de niños un fútbol con poca sazón y condimento. Es lento en desarrollo y fugaz en percepción. Los torneos cortos, los descensos medidos, los campeones de la fortuna. Entre tanta información, ¿será posible vanagloriar a alguien? No hay constancia por lo tanto no hay identificación. Al menos no para los que se están forjando una nueva historia con la pelota. Ni siquiera para los de gastado recorrido en esto que se supone amamos.

Hoy me saltó una encuesta del diario Cancha acerca de los ídolos del fútbol mexicano. Según la información que proporcionan, se tomó una muestra representativa de mil 200 personas para cotejar el sentir del público aficionado a los “cuatro grandes” equipos del país, Guadalajara, América, Universidad y Cruz Azul. Y lo más revelador es que en los cuatro casos, la mayoría de hinchas consideró no tener ídolo en su equipo: América 78%, Chivas 66%, Cruz Azul 63% y Pumas con el 57%.

¿Y si hubiera que elegir sí o sí? Todos se irían por sus capitanes: el 15% de americanistas preferiría a Vicente Sánchez, el 42% de chivas elegiría a Luis Michel, 48% de los cementeros adoptaría a Torrado y, cosa rara, 66% de universitarios volvería a Palencia su estandarte.

Más allá de los números, cuestión que provocó toda esta reflexión, es la perceptible baja del “deporte rey” en México. Además de la situación económica nacional, la balanza de lo que es realmente importante, los lujos… más allá de aquello está el valor del fútbol, el espectáculo, el estancamiento del juego, el bombardeo y marketing desproporcionado en los medios, el nulo respeto a la esencia, el poco arraigo de sus protagonistas.

Es la era de la gran depresión. La recesión de fútbol en México tiene preocupados a todos -no por nada los pantalones largos estuvieron a un tris de implementar una ridícula liguilla, determinando al fin sólo eliminar los grupos-.

Me queda la duda de si nos estamos volviendo demasiado exigentes, viviremos de glorias pasadas, o entramos en la eterna búsqueda del mesianismo futbolero y cuando vemos diferencias inflamos expectativas y otros son los ojos, como de cariño, que observan -y soportan- el viacrucis de nuestro tan peculiar fútbol profesional.

7 comentarios

  1. Jorge Marquez miércoles 3, agosto 2011 at 14:53

    estamos en una gran crisis eso sin duda

  2. James jueves 4, agosto 2011 at 9:41

    Pues se nos fule el ultimo grande, el Kbrito….

  3. Mexicanfiend viernes 5, agosto 2011 at 10:44

    Tengo tiempo pensando lo mismo. Yo solía celebrar mis goles en la primaria levantándome la playera al estilo de mi ídolo de la niñez, el “Fantasma” Figueroa (que por cierto, ¡qué bueno que lo pusieron el fotoy lo mencionaron en el texto!); hoy en día volteo y veo que mis primos pequeños no tienen una figura, un referente; si acaso por ahí Memo Ochoa pero nada más.

    Creo que todo esto es una tangente más que surge por el excesivo mercantilismo que permea al fútbol profesional: ya cada año cambias de playera como si nada, los “clásicos” cada vez se viven con menos pasión y este sistema resultadista ha dado al traste con muchas de las cosas que tanto a mí como a muchos de ustedes nos hizo enamorarnos de este deporte. No es casualidad que un mundial Sub-17 como el que tuvimos aquí hace unas semanas haya sido un éxito a nivel futbolístico; mientras que volteamos a ver los partidos del mundial sub-20 y la verdad dan pena ajena. Eso nos falta: regresar a la esencia, el fútbol es un JUEGO y, quien lo practica sin divertirse, será como tantos otros mortales que trabajan no en lo que les gusta, sino en lo que pueden o en lo que les deja algo de dinero.

  4. Emiliano Castro Sáenz sábado 6, agosto 2011 at 8:13

    Mexicanfriend, np lo pudiste decir mejor. Me encantó igual lo de la Sub 17, pues es cierto que aunque sean adolescentes, reflejan de lo que está hecho este deporte: el respeto al juego, a la competencia y la diversión.
    Muy interesante blog, por cierto. Saludos!

  5. mexicanfiend martes 9, agosto 2011 at 10:54

    ¡¡¡Muchas gracias por pasar a visitarlo!!! Saludos.

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