Hay que ver a los alemanes

Hay que ver a Die Mannschaft, la selección de Alemania. Hay que ver a Götze, disfrutar de Schweinsteiger, apreciar a Müller y estar seguros con Hummels y Neuer. Es la confirmación del trabajo, el fútbol sencillo pero imponente, atractivo y ganador. Más allá del resultado, la concepción del juego que propone Alemania es digna de aplauso, digna de atribuirse la etiqueta de favorito donde se encuentre, digna del ansiado respeto al balón.

Hoy acabó con el escueto Brasil de Menezes. Mientras Joachim Löw responsabiliza el fútbol del equipo en la columna vertebral compuesta por Lahm, Schweinsteiger, Podolski, Müller, Gómez, Klose y le da entrada tranquilamente a nuevos valores como Neuer, Hummels y Kroos -ya consolidados-; y Brasil trata de despertar luego de haber dormido entre laureles desde hace rato, pero ¿cómo lo hace?.

La generación que tiene a cargo Mano se ampara en la habilidad, en el intento de la recuperación del tan extrañado y extraviado Jogo Bonito vía mediática: a Brasil, además de Júlio César, Lúcio, Alves, Robinho y si acaso Pato, pone como punta de lanza a Neymar, el joven del momento.

El problema es que, contrario al toque alemán, la Canarinha busca el retorno sin entender del todo cómo hacerlo. Varía el tipo de juego según la circunstancia: comienza resguardado, delega posesión de balón a cambio de contragolpes configurados por el mismo Neymar (demasiada recarga), carece de precisión y se ahoga en la desesperación.

Por eso hay que ver a los alemanes, aprenderles el juego de primera intención, de poder conducir si el rival lo permite pero habilitar al colega de mejor posición. Se trata de compañerismo, verticalidad y seguridad. De conocimiento. Alemania está en el tope y las nuevas generaciones se incorporan sin que eso signifique un descontrol; al contrario, fortalece el espíritu y la agilidad del grupo.

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