La euforia de Adel

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=Qtj8kDqxEDA[/pro-player]Una pena le embarga. Siente tristeza de que su selección dispute un partido importante en cancha prestada. Libia juega como local en El Cairo, Egipto. Cede un poco a su penar y comprende que ha sido una buena decisión dado que las condiciones actuales en su país impiden llevar a cabo un encuentro de tal envergadura.

Sabe que en la Plaza de los Mártires ha sido colocada una pantalla para que revolucionarios, hombres, niños y mujeres vean el partido contra Mozambique. Sin embargo él ha preferido quedarse en casa. Teme ser partícipe y testigo de una desolación masiva; vaticina una derrota. Tal sentimiento emana de una costumbre derrotista, Libia jamás ha cantado victoria en el fútbol.

Sentado sobre un sofá enciende su radio. Está solo, familiares y amigos fueron a la plaza. Apenas escucha el inicio de la transmisión y siente que algo cambia, su pronóstico ya no es el mismo. Se inclina a orar y pide un triunfo. Una esperanza se ha encendido en su interior, una extraña sensación se apodera de su cuerpo. Susurra “vamos Libia”.

Es el minuto 31 de juego y el comentarista grita “goooooool de Rabi Al-Lafi”. No lo puede creer. Golpea el aparato para comprobar si no se trata de un error, de una intervención en la señal por parte de la OTAN. La voz del comentarista narra la jugada del gol libio. “Vamos ganando, vamos ganando”, se repite sin cesar.

Se levanta del sofá y coge el reloj que estaba sobre la mesa del comedor. Faltan 59 minutos para que termine el partido. Todo ese tiempo camina de un lado a otro, ya no puede con la desesperación. Se olvida de los incidentes del partido y presta más atención a las manecillas del reloj, les suplica vayan más rápido. Le han hecho caso. El partido concluye y el comentarista exclama “¡Libia ha ganado!”.

Surgen las lágrimas. Llanto acumulado durante 45 años. Sí, es la primera vez que festeja un gol de su selección. Es la primera vez que grita un triunfo futbolístico. Es tal su emoción que apaga el radio y sale de su casa. Grita como loco por las calles y corre con velocidad para incorporarse a los cientos de revolucionarios que se han dado cita en la Plaza de los Mártires.

“Estoy muy feliz, es la primera vez que apoyo al equipo libio, antes estaba en contra porque pertenecía a los hijos de Gadafi, pero ahora pertenece al pueblo libio”, son las palabras de un eufórico Adel Aguila a una agencia internacional de noticias.

Informático de profesión, Adel ha cumplido 45 años de edad y hasta ahora pudo desahogarse. Libia derrotó uno por cero a Mozambique en duelo clasificatorio rumbo a la Copa Africana de Naciones. Encabeza el Grupo C donde también lo integran Zambia y Comoros.

Al igual que Adel, miles de libios por fin pudieron encontrar una puerta de liberación a la expresión, misma que fue reprimida durante la dictadura de Gaddafi. Y fue el fútbol un elemento, una rendija para sonreír, cantar y abrazar sin temor.

El gol de Rabi Al-Lafi significó algo más que tres puntos. Unió a los reprimidos, venció la represión. Ahora sueñan con la Copa Africana.

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