El ex-jugador del pueblo

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=Ld50VYKE3hU[/pro-player]Quizá como nunca antes, el mundo del fútbol, o lo que es lo mismo, el mercado, se encarga de imponer castigos inmisericodes a quien no siga la vereda de la obediencia.

El sistema del dinero que se apoderó del balón, y que lo gobierna, sin haber sido elegido por nadie, no perdona el desacato. Ellos, que rodean las canchas disfrazados de multimillonarios, jeques, bancos, televisoras, diarios, periodistas y patrocinadores, no aceptan que nadie objete el fútbol que ellos mueven a su antojo.

El jugador del pueblo, llaman a Tévez. También Carlitos, un apodo cariñoso que sólo puede presumir quien se habla de tú con la tribuna. Eso sí, siempre y cuando esa misma tribuna no sea objeto de la manipulación mediática de aquellos que linchan a quien se sale del huacal.

El pasado 27 de septiembre, Carlos Tévez se negó a ingresar a la cancha del Allianz Arena, mientras Manchester City caía 2-0 frente al Bayern München en juego de la Champions League. A partir de ahí, el argentino se ganó la antipatía de Roberto Mancini, sus hinchas y todo el medio futbolístico inglés. Tras lo ocurrido, el club anunció que Carlitos sería suspendido dos semanas, por lo que no participaría de convocatorias ni entrenamientos. El técnico italiano fue más tajante: «está acabado conmigo». Es oportuno decir que Tévez ha tenido pocos minutos esta temporada, a pesar de haber sido el goleador de la Premier 2010-11.

¿No se puede desobedecer? ¿Nunca? Pregunto.

Este mismo martes el mundo recogió la noticia de un muñeco, vestido con la camiseta 32 del City, colgado, ahorcado, desde un puente de Manchester. En efecto, por si alguien lo dudaba, la maquinaria funcionó: los seguidores del club, o al menos una buena parte, se han volcado contra el Apache.

Desde hace muchos meses Tévez anunció sus deseos de abandonar el equipo. Su familia no estaba con él, argumentaba una y otra vez. Pero no lo dejaron ir. Al contrario, le complicaron siempre su salida. Ahora, aquellos que lo obligaron a quedarse contra su voluntad, además, quieren que esté disponible cada vez que a ellos les plazca, y que incluso les resuelva las derrotas, como la que finalmente sufrieron aquella noche en Múnich.

Por si fuera poco, la campaña en su contra de lo que se llamó Tévez-Gate, dio resultado. El mundo lo juzga, incluso Argentina.

Contra el reino del dinero, de vez en cuando, es muy digno rebelarse. Sin embargo, la gente alrededor del planeta, en general, se siente más cómoda obedeciendo y sabiendo que los otros obedecen también.

Por tanto, Tévez tendrá que olvidar ese mote de El jugador del pueblo, y no porque él no lo represente, sino porque el pueblo, que le ha dado la espalda, ya no lo representa a él.

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