El fútbol y la peste

“El fútbol es la última zona de intransigencia emocional aceptable que puede existir”. Juan Villoro.

El fútbol y la peste

Cien mil butacas, un millón de asientos, incontables sillones, infinitas televisiones. Detrás de los 90 minutos y más allá del estadio, la cancha e incluso el barrio y la calle, está la conciencia, la vida; el individuo. En función del balón, los corazones vibran y se contaminan de emociones disparadas. Placer, dolor, amor, suspenso, risa, alegría, plenitud. Las cosas que logra el fútbol. Ese contagio y su linea extremadamente delgada entre defender y eternizar un sentimiento y el soñar con estilo de vida vendido por aquellos oasis inexistentes de podredumbre humana.

Ahí están los factores. Desde directivos hasta anunciantes, dueños, promotores, futbolistas, directores técnicos, locutores. Y el aficionado se vuelve receptor, animador, cómplice, crítico y sustento que aguanta todo. Ahí está. Compra el producto, va al estadio, escucha el juego o lo ve aferrado con el botón de mute encendido. La gran depresión se extiende cual mancha voraz.

¡Y cómo no iba a ser la última zona de intransigencia emocional el fútbol! Vale la pena hacer un paralelismo con Antonin Artaud, poeta y dramaturgo francés, quien sostiene que el teatro debería afectar a la audiencia tanto como fuera posible, que se interiorizara el individuo, que pensara más allá de los colores, costes y propuestas. Que desarrollara sentido crítico a partir del discurso. El arte, pensaba, tiene la facultad de lograr ese click emocional… ¿y el fútbol, el arte fútbol?

En su obra El Teatro y su doble, expone Artaud que “un desastre social tan generalizado, un desorden orgánico tan misterioso, ese desbordamiento de vicios, ese exsorcismo total que acosa al alma y la leva a sus últimos límites, indican la presencia de un estado que es además una fuerza extrema, y en donde se redescubren todos los poderes de la naturaleza, en el momento en que va a cumplirse algo esencial”.

“Una verdadera pieza de teatro perturba el reposo de los sentidos, libera el inconsciente reprimido, incita a una especie de rebelión virtual e impone a la comunidad una actitud heróica y difícil”. Y pensar en la obligación con la que cargan cada fin de semana la mayoría de futbolistas vueltos trabajadores, peones de una maquinaria enajenante y tétrica. Apasionante también.

Entre el caos, la depresión, el contagio. Ese contexto del fútbol y lo que la esencia puede llegar a revertir…

2 comentarios

  1. i ele domingo 16, octubre 2011 at 10:17

    Ay, Emiliano, no había leído. Qué gusto leerte de vuelta y con un apunte tan luminoso. Enhorabuena.

    Saludos.

  2. Emiliano Castro Sáenz lunes 17, octubre 2011 at 11:20

    i ele, un placer volver… aunque intermitentemente. Gran abrazo y gracias a ti por seguir fiel fiel fiel!
    Saludos!

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