Dios te salve María, llena eres de derrotas…

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=XOySbvv_dJk&feature=related[/pro-player]Los oscuros claustros de la Iglesia de pronto perdieron solemnidad y elevaron el grito; al cielo, claro. Había ocurrido un milagro explicable: la desaparición de la virgen, instalada en la cancha de Colón. La curia amenazó a los apóstoles de la pelota, responsables de semejante movida.

Y entonces, cuando el escándalo tomó una dimensión nacional, se develaron algunos misterios.

Colón está en Primera división ininterrumpidamente desde 1995, cuando consiguió su último ascenso. Pero va por más; quiere más. Su primer título en la máxima categoría es una negación repetida. En este torneo sus pretensiones chocaban contra la mala racha de local. Fue el punto de inflexión.

Los jugadores de Colón fueron por el milagro al revés. La virgen que el ex entrenador Jorge Fossati donó alguna vez fue sacada del estadio, porque un vidente –transcendió después– la señaló como “mufa”.

Declarado en secreto ícono de mala suerte, se decidió su desaparición a cargo del capitán Ariel Garcé. Cuando la polémica engordó hasta explotar, los jugadores tartamudearon excusas. Dicen que la rompieron; ellos juran que se resquebrajó en el camino, cuando la trasladaban para su restauración.

La virgen ya no está. La solución salomónica fue encomendarle una réplica al mismo escultor. Será otra imagen, porque el hombre no conservaba el molde.

La anécdota es que Colón ganó en su casa el partido inmediatamente posterior al retiro de la figura religiosa. Después, retornó a su lógica de brazos caídos, con derrota incluida ante Boca en su última presentación.

Mientras la disputa se hace carne en una campaña con picos de electrocardiograma, Colón es el club de la paradoja. Su cancha, su sede, sus hinchas pertenecen a la una provincia emblemática: Santa Fe.

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