Sus colores les dieron permiso…

Sus colores les dieron permiso...O mis ojos me están jugando bromas raras, o a varios checos se les independizaron las manos y, contra la voluntad de su corazón, comenzaron a aplaudir el fútbol de Barcelona. De Messi.

La Synot Tip Aréna, casa de gala provisional para Viktoria Plzeň en Champions League, admiró esta noche europea otro concierto interpretado en catalán. El estadio estaba a tope de sus 20,145 lugares.

Messi, el que se echa todos los elogios a la bolsa, metió tres. Fábregas agregó uno más y completó el 0-4.

Desconozco cuántos hinchas culés viajaron a Praga. Alguien me sopló que cuando menos cincuenta viajaron en el vuelo charter junto con el plantel. Propongo, para partir de un supuesto que sepa creíble, apuntar a unos mil quinientos. Dos mil, si gustan.

Entonces no me dan las cuentas. Las aplaudidoras palmas mostradas en televisión internacional tras cada gol rebasaban lejos ese número. Ni separando cada mano de su par llegaríamos a la suma de aplausos que mis ojos me vendían. Vaya, ni siquiera contando uno a uno los dedos de las manos barcelonistas me convencerían. Tal vez no me crean, pero juro haber visto, por todas las tribunas, sonrisas vestidas de azulgrana. Eran los checos..

Si esta vista sigue trabajando con honestidad, anotemos otro cuento más donde el fanatismo se rinde ante el buen fútbol. Los seguidores del Viktoria Plzeň lo hicieron y, lo más importante, sin ningún pudor. Total, al menos por esta ocasión, sus colores les dieron permiso…

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