El fútbol de Sotz’il

El balón tambien habla maya

El tambor conduce a la luna para que lentamente aparezca en la escena. Noche despejada, viento agresivo, estrellas. Fuego, copal, velas. Olores y sonidos que evocan las raíces mayas, teatro maya. Hombres de maíz que interpretan categóricamente un pasaje del Popol Wuj, donde entre danzas, luchas, juego de pelota, música y cantos, se estabiliza el universo tras el cambio de época anunciado.

Así conocí al Grupo Sotz’il Jay, unos chavos de origen kaqchikel en Guatemala que investigan la cultura maya y la representan con maestría, profundizando kilométricamente más allá del folclore. Comenzaron a inicios de siglo con la música, re-inventando instrumentos, interpretando sonidos y luego continuaron con la danza hasta lograr un sincretismo a través del teatro. Son, además, espirituosos. El teatro representado por Sotz’il es una conexión con lo antiguo, una ceremonia por sí misma. Pese al escepticismo más recalcitrante que presencie una puesta en escena de ellos, es innegable la fuerza y el poder más allá de lo cotidiano que está ahí, en frente.

Ese contacto con Sotz’il abrió en lo personal un panorama que trasciende cualquier frontera. Es el punto que estaba buscando en este viaje interno. Un vínculo obligatorio y necesario con la otra parte de mí: Guatemala. Al final, tras observar un par de veces más durante el año la obra que atrapó mi atención en un principio -Oxlajuj B’aktun-, el grupo me abrió sus puertas e inicié otro proceso en un proyecto que tengo pendiente.

Recién a mediados de diciembre me aventuré a simular una sombra física de este fenómeno compuesto por personas humildes-espléndidas y resultó, todavía más, un viaje abrazador, tremendo. Desde la confirmación de lo genuino, el profundo respeto, la magia y el contraste con la realidad de un país brutalmente golpeado, hasta la aparición del fútbol.

Tenían un partido. Durante la comida nos invitaron junto a mis acompañantes a que fuéramos a su juego. “Somos los peores”, soltaron. Y la carcajada llena de sinceridad se entretejió con un: “estamos retando a todos los equipos de El Tablón -la comunidad donde viven- para ver a quién le podemos ganar”. ¡Ja! Una maravilla. ¿Qué serían estos seres paranormales del escenario, de la re-interpretación del mundo antiguo, en una cancha de fútbol? Y bueno, también contaron que a través del balón se mantienen en forma, o pretenden hacerlo.

Sinfín de cosas me llevo tras haber visto el cotejo. La alegría del fútbol, el idioma kaqchikel, la simpleza con la que tomaron el juego, las bases, y lo esencial que se presentó ese día en la cancha sintética. Sus movimientos ‘teatrales’ al jugar: desde que corrían, los saltos, los disparos y las caídas, los goles encajados y logrados. ¡Se siente el balón! En cualquier rincón, en cualquier modalidad.

Esa tarde el Grupo Sotz’il, revolución de la cultura guatemalteca, cayó ante un combinado de familiares de rasgos asiáticos (también mayahablantes) por algo así como 18 a 11. Pero vivió el fútbol…

2 comentarios

  1. i ele sábado 31, diciembre 2011 at 13:07

    Es bueno leerte de cuando en cuando Emiliano, qué bonito texto. Y qué mejor que seas investigador, que observes, que no te quedes en el límite de la línea.

    Saluditos

  2. Emiliano Castro Sáenz lunes 2, enero 2012 at 9:38

    Tremenda tú i ele, gracias de nuevo por compartir este viaje. Saludos!

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