También la lluvia

Anoche durante el cotejo por poco y llueve. Le di un vistazo al cielo antes de comenzar a jugar y, por primera vez en mucho tiempo, correr mucho y no cansarme. Eso sí, el toque no apareció luego de tantos meses sin volver a la cancha… Pero no, el cielo se quedó quieto y lo único que aventó fue varias oleadas frías que aconsejaron dureza y dolor a cada balonazo.

Me acordé de lo padre que era jugar bajo la lluvia, en pleno pantano y terminar hecho una sopa. Manchar a propósito todo el uniforme, todo. Incluso celebrar los goles del enemigo o tirarse sólo porque sí. Me gustaba emular a los ídolos que, en aquellos partidos mojados, se barrían con las rodillas, con el puño en alto, gritando a todo pulmón acatarrado el gol. O los porteros: deteniendo penales, adornando fotografías, resbalándose; almorzando o cenando un buen bocado de lodo.

…Y no se olvida…

Desde el carro, esa combi que definiría en mucho buena parte de mi infancia, mi mamá se divertía viendo y tocaba la bocina alegremente. Alegre y con enjundia. A un lado, de copiloto, mi hermano. A los nervios previos de cada encuentro, se le sumó la visita de la familia. Y eso que era frecuente. ¿Jugar para el equipo o para ellos? Los debates eran eternos y generalmente me acompañaban los 30 minutos de cada tiempo. Pero ese día el aguacero me dictó jugar para mí. Aprovechar los charcos y aguantar hasta algunas ráfagas de granizo. ¡Y qué maravilla!

Aproveché ser portero para batirme en cada chance, en cada tiro y cada despeje. Olor a tierra mojada donde fuera. Hasta un penal detuve con la gracia del resbalón manchado del delantero contrario. Y al final, cuando acabó el partido, corrí a tirarme un panzazo que no salió como en televisión (dolor, dolor, dolor) y nuestro juego entre charcos y lodazal continuó bajo la mirada cómplice de la familia espectadora… al fin todos teníamos claro que nos tocaría lavar nuestros uniformes a puño limpio.

3 comentarios

  1. HECTOR viernes 3, febrero 2012 at 14:40

    Y quien no lo ha hecho como olvidar esos juegos bajo la lluvia , se disfrutan enormemente, al principio el miedo a recibir un balonazo (que como duelen), en salva sea la parte, o cuando un pase es interrumpido por un charco de agua evitando que el balon llegue a su destino, me hiciste recordar muy buenos tiempos.saludos

  2. i ele sábado 4, febrero 2012 at 10:30

    Ah, bueno, si usted lavaba su uniforme, pues ya las cosas cambian. Te leo siempre, Emiliano, yatusabe.

    Saludos

  3. Emiliano Castro Sáenz sábado 4, febrero 2012 at 13:47

    Héctor, grande tu halago. Qué sería de nosotros sin esos momentos acuñados en la memoria? Un fuerte abrazo, gracias por leernos.
    I ele, qué decirte… grazie mile a ti por todo. Saludos!

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