El artista que odiaba el fútbol

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=xrAgFM3vceo&feature=player_embedded[/pro-player]Dicen los que saben, los que lo vieron y presenciaron su virtuosismo que nació para hacer del fútbol un arte y que el fútbol se inventó para aguardar su llegada, para esperar al maestro del balón. “Fue un esteta del fútbol. No ha habido nadie que tuviera una visión más poética del juego”, así lo describe Andrés Salcedo, periodista colombiano que lo vio jugar en Junior de Barranquilla entre 1949 y 1950.

Hablamos de Heleno de Freitas, el futbolista brasileño que hizo del balón una obra valuada al mismo nivel que un cuadro de Van Gogh o una ópera de Verdi. Tuvo a Brasil en sus pies cuando vistió la camiseta de Botafogo (1940-1948), equipo donde además de exhibir poesía con los pies anotó 209 goles en 235 partidos. Los aficionados de la época, hombres y mujeres, se desvivían en las tribunas para deleitarse con él; lo que pasara alrededor de su figura en la cancha no importaba. Como todo genio, y por irónico que sea, De Freitas encontró en el fútbol su mayor tormento, vivir.

“El fútbol, fuente de mis angustias y alegrías, me reveló a Heleno de Freitas, la personalidad más dramática que conocí en los estadios de ese mundo”, escribió Armando Nogueira, leyenda de la crónica deportiva en Brasil. Lo que parecían ser cualidades fueron una cruz para De Freitas. Apuesto, elegante para vestir, dominador del verbo para seducir, intelectual y abogado, el jugador conquistaba a cualquier mujer que se le pusiera enfrente. Había damas que se excitaban nomás con verlo; provocó masturbaciones inmediatas, orgasmos en las tribunas o en las calles.

Con ese perfil de Playboy, De Freitas ingresó al universo que en un principio le fascinó, la vida social. Cenas, bailes, adicción al éter para sentir placer, apuestas, salidas y aventuras desenfrenadas eran su rutina fuera del terreno de juego. Sin embargo su personalidad, su mente, le impidieron estar en paz consigo mismo. Paulatinamente comenzó a ser un hombre desquiciado, irascible, irritable. De ser adorado pasó a ser molesto para cualquier prójimo.

En 1949 salió de Botafogo para irse a Boca Juniors. Notas informativas de ese entonces revelan que mantuvo amoríos con Eva Perón. Arribó a Argentina enfermo de neurosífilis, enfermedad que él desconocía padecer. Pero no todo fue culpa de la enfermedad para que Heleno se enemistara con todo mundo, pues había algo más. Detrás del juego que deleitó a muchos existía su tragedia, odiaba al fútbol. “Y la gran paradoja de su vida es que, en el fondo, odiaba el fútbol. No se sentía a gusto entre los futbolistas. Detestaba a los directores técnicos y a los árbitros”, apunta Andrés Salcedo.

Un pasaje que dejó en claro su aversión al balompié lo vivió en 1949 cuando jugó para Vasco da Gama. Enojado de que sus compañeros no le pasaran el balón en el entrenamiento, o que no supieran tocar el esférico, Heleno se irritó al grado de coger una pistola para apuntarle en la frente al entrenador Flávio Costa. Por fortuna el arma no estaba cargada.

Con todo y la neurosífilis, De Freitas luchaba por encontrar su lugar en este mundo, una batalla interna por encontrar una respuesta a su existencia en esto que llamamos vida. Depresiones y neurosis fueron su sello en los años siguientes. Para contrarrestar sus problemas existenciales decidió emigrar a Colombia para jugar con Junior de Barranquilla (1949-1950), ahí convirtió 14 goles en 40 encuentros. Su odio al fútbol lo reprimía cada partido con tal de estar en calma por un momento. En tierras colombianas se gastó todo el dinero que obtuvo en apuestas, su otra puerta de escape para desfogar su carácter.

En 1951 volvió a Brasil para enrolarse al Santos, donde no hizo nada. Finalmente se retiró en 1953 con el América brasileño. Para este entonces Heleno ya no sabía nada de sí mismo. Su mente estaba destruida, la realidad le era ajena y la locura habría de acompañarlo hasta el fin de sus días. “Murió en 1958 en el hospital para enfermos psiquiátricos de Barbacena, una pequeña ciudad vecina del lugar donde había nacido, Sao Joao Nepomuceno, en el Estado de Minas Gerais. El hombre que fue llamado el futbolista más bello de Brasil era entonces un guiñapo humano, pesaba poco más de 30 kilos y sólo le quedaba un diente. Había perdido del todo la razón”, relata Andrés Salcedo.

El hombre que hizo del fútbol un arte y que odiaba al deporte que lo hizo artista murió sin saber quién fue, quién era y sin haber encontrado la respuesta a su existencia.

*En 2011, el director de cine brasileño José Henrique Fonseca llevó a la pantalla grande la vida de De Freitas con la película ‘Heleno’, protagonizada por Rodrigo Santoro.

8 comentarios

  1. i ele lunes 5, marzo 2012 at 12:47

    Wow, quiero ver esa película y Rodrigo Santoro de Heleno, ya me imagino lo guapo que era el señor De Freitas entonces.

    Saludos

  2. Emiliano Castro Sáenz lunes 5, marzo 2012 at 20:08

    Enorme! Tremendo! Me encanta esa época del fútbol silenciada por la guerra pero con una trascendencia brutal.
    Un abrazo!

  3. Jorge martes 6, marzo 2012 at 14:51

    Hola Elias
    Desconocía la historia de Heleno de Freitas, bien comentas que eran futbolistas de otra madera. Yo también quiero ver la película….la historia pinta bien y de paso disfruto de la tremenda belleza de la colombiana Angie Cepeda…¡¡¡QUE MUJER!!!!
    Saludos

    • Elías Leonardo martes 6, marzo 2012 at 14:55

      Jorge, pues ya somos dos que desconocíamos de su historia. Además de ser otra madera no tenían reparo en mostrar su identidad, esa que también tiene defectos y nos muestra al futbolista como hombre, no tanto como una deidad perfecta e inmaculada. Esperemos que la película llegue a México, cosa que veo difícil. Un abrazo

  4. Maxchiva miércoles 7, marzo 2012 at 14:52

    Wow! Otra leyenda de la cual no sabía nada en absoluto… impresionante historia de vida y de fútbol.

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