Tan enamorados

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=uWOQ_lPb9HM[/pro-player]Un paquete me fue entregado en la oficina. Esa pequeña caja tenía como remitente el nombre de ella. Me estrujé, sentí que el cuerpo me abandonaba para dejarme como un viento sin destino, estático en el silencio de una emoción que creí sepultada. Abrí la caja; la fotografía de un niño, un disco y una carta venían en su interior.

“Sé que puede extrañarte que después de tanto tiempo reaparezca. No te pregunto cómo estás porque sé que te va bien. Aunque no lo creas me cuesta trabajo escribirte, mis manos tiemblan. Te mando la foto de mi hijo. Apenas cumplió tres años y quería que lo conocieras. Verás que lleva puesta una playera de fútbol, la camiseta que amas y tanto desprecié. No sé cómo ni por qué, pero a mi bebé le gustó esa playera, sus colores. También anexo un disco, en él viene la canción que… la canción de los dos. Te… Adiós. La loca”.

Tras leer la carta contemplé la foto. En efecto. El niño tiene puesta la camiseta que tanto amo, los colores de mi equipo. No dudé en darle cabida al recuerdo. Ella me dejó, entre otras cosas, porque se cansó de mi pasión futbolera, misma que expresaba a toda hora del día y en cualquier lugar. Pero de eso hace ya cinco años, tiempo suficiente para que uno reestructure la concepción sobre la vida. Estábamos más chavos; aprendices de un sinfín de cosas.

Lo que le molestaba de fondo era mi incapacidad para “hablar bonito”. Se hartó de que no le expresara verbalmente palabras románticas o cursis. Apareció alguien que sí lo hizo y se fue con él. Tras su partida jamás volvimos a saber de nosotros.

Puse el disco y escuché la canción que ella encumbró como nuestro himno. A mí no me gustaba del todo, pero a ella sí. Digo, es una canción. ¿Por qué me la mandó? ¿Por qué ahora? Montaner no suena como antes, ya no desespera. Al volverlo a escuchar me afirma que todavía la extraño. ¿Para qué me habrá mandado todas estas cosas?

Ella misma me lo explicó. Vino a la oficina para decírmelo. ¡Qué difícil es reprimir la sinceridad cuando la tienes enfrente! Comportándonos como dos adultos, ocultándonos en el pasado de un noviazgo juvenil, charlamos. Aún sonríe como solía hacerlo. Sigue tan bella como cuando la conocí. Pero ya es madre y padece el matrimonio. Su marido es buena persona, pero le disgustan las fiestas, el relajo y sobre todo el fútbol.

“Acudo a ti porque eres el único que puede ayudarme. Lo que más amo en la vida es mi hijo, es todo. Como te lo escribí, desconozco por qué le gusta el fútbol. Esa playera le gustó de inmediato. Cuando la vio quedó atrapado y se la compré. Como su papá desprecia el fútbol quiero pedirte que seas tú quien encamine a mi bebé, que seas tú el que lo lleve por primera vez a un estadio”, me dijo.

Evidentemente se me hizo rara su petición. Sin embargo reflexioné y pensé “qué culpa tiene la criatura de tener dos padres antifutboleros”. Acepté. Desde hace cuatro meses mi pequeño amigo y yo acudimos cada 15 días al estadio.

El teléfono suena con mayor frecuencia durante la semana. Una de esas llamadas, ocurrida ayer, fue distinta. “De verdad muchas gracias. Si algo aprendí en la vida es que hay amores que jamás cambiarán, que siempre serán genuinos y se mantendrán firmes a pesar de las tempestades”. Esas palabras se las decía cada vez que me preguntaba por qué me entregaba tanto a mi equipo. Antes de colgar se despidió con una pregunta: “¿Crees que habría problema si los acompaño el próximo partido?”.

Cuando vea que su hijo, mi pequeño amigo, ya sabe gritar gol como loco no quiero ni imaginar lo que sucederá.

11 comentarios

  1. Maxchiva lunes 9, abril 2012 at 11:34

    Que relato tan más… bueno, no me alcanzan las palabras para definirlo… pero es una de esas lecturas inesperadas con las que, en lo personal, creo que tengo un poco de identificación… diablos, creo que esto amerita una buena tarde de reflexión con un buen tequila… Gracias por tu historia, es la onda.

    • Elías Leonardo lunes 9, abril 2012 at 11:36

      Maxchiva, si de palabras limitadas para expresarse se trata valora las mías. Agradezco sinceramente tu tiempo y fidelidad con este sitio, en este caso con mis textos. Échese el tequila y otro por mí. Salud. Un abrazo

  2. EricKing lunes 9, abril 2012 at 15:47

    Elias, te felicito por tal relato, lo leía mientras de fondo sonaba Montaner y me atrapo por completo tu relato, Muchos mas de estos. Como dicen los españoles “Sos la ostia tío”.

  3. Lazaro Lopez Merino martes 10, abril 2012 at 14:50

    Me mandaste a los 60’s cuando mi Padre me llevaba al estadio. Gracias

  4. Edmundo martes 10, abril 2012 at 15:57

    Tu comentario Lo primero que se me ocurre escribir es que te envidio la facilidad de escribir, la facilidad de crear historias y la destreza para saber decirlas. Me encanta saber que te conozco y me va dar mucho gusto que un día me presentes como tu amigo. Eres picudo.

    • Elías Leonardo martes 10, abril 2012 at 16:00

      Edmundo, no hay nada que envidiar. Hasta donde tengo entendido y visto tú también eres ducho para el ingenio y la creatividad, talentos que demuestras y expresas con ilustraciones, con monitos cargados de historias. Si de picudos se trata no te quedas atrás. Con gusto te presento en sociedad: señoras y señores, tengo la dicha de decir que Edmundo es un valedor que converge en muchas cosas con un servidor, siendo una de ellas el amor por el fútbol. Un abrazo

  5. Jorge martes 10, abril 2012 at 16:15

    Hola Elias
    Que bonito relato….que bonita es la vida cuando tienes una pasión como el fútbol.
    Saludos Elias.

  6. Edmundo viernes 13, abril 2012 at 23:42

    Tu comentario ¡¡¡Gracias Elias, ya eres mi compadre!!!

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