La alegría no tiene fin

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=ehVx66OBDbQ[/pro-player]Una de las historias se conoció porque Cayetano la contó en radio. El joven periodista lo reveló en su programa radial, un día después del partido. Confeso hincha de Atlanta, fue con su papá a la tribuna; prefirió no acreditarse como periodista. El co-conductor emocionó al público mañanero de radio Metro con su relato. Dijo que tres veces vio llorar a su papá: cuando se le murió un hermano; cuando falleció su mamá; y después del triunfo de Atlanta contra River.

Yo también vi llorar a mi hermano. Y vi a mi papá gritar un gol como se debe, como pocas veces lo hace. Vi el abrazo de los tres, porque tengo impregnada la imagen y me veo. Vi la imagen de otros abrazos sobre nosotros. Vi que todo se movía, en un terremoto emocional que me hace temblar los dedos cuando repaso esa secuencia; si escribiese a mano, se hubiese notado en la letra.

Tantas lágrimas se explican en la victoria imposible. La de un equipo en zona de descenso, sin jugadores de renombre, con un andar rengo por el campeonato, con jugadores, hasta el domingo, indolentes. En frente, el fastuoso River ya nos había ganado en la primera ronda 7 a 1, un resultado psiquiátrico; cualquiera que lo padece ve de nuevo a ese rival y se espanta.

Fuimos seis mil a poner la cabeza en la guillotina; como nunca, a ver perder al equipo. No había esperanzas aunque había que estar, porque los hinchas somos así: si no ganan nuestros jugadores pretendemos, al menos, no perder en las tribunas. Los de River coparon tres cuartos de la cancha de Vélez. Nosotros nos amontonamos, estoicos, en nuestro modesto sector. Y cantamos y aguantamos y despejamos con los defensores y atacamos con los delanteros. Para los escépticos de la metáfora, les aclaro que todavía me duelen las piernas.

El triunfo de todos nosotros contra el inmenso River nos llenó de orgullo y nos dio vida en el campeonato. Atlanta se puso de pie y humilló al gigante. Es la manera que se me ocurre pensar el partido para entender semejante alegría, tantos abrazos. La escena emblemática fue ese golazo de Lorefice, ese estallido de fútbol. La resistencia final nos arrastró hasta el llanto. Al cabo, tuvo que temblar el piso de Vélez. Y del sacudón, saltaron de nuestros ojos las lágrimas que todavía mojan la cara.

4 comentarios

  1. Negro jueves 12, abril 2012 at 10:18

    Tu comentario Fue hermoso vivir ese momento en la cancha, sino hubiese ido no me lo perdonaría jamas.

  2. Marcelo Rodríguez jueves 12, abril 2012 at 12:13

    Por suerte nos permitimos la alegría de celebrar ese espacio. Esa pedazo de vida nos va a quedar grabado a fuego en nuestros corazones bohemios.

  3. i ele viernes 13, abril 2012 at 16:56

    Enhorabuena a los Bohemios.

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