El árbitro que quiere pitar un partido de fútbol

Arbitro, el malo de la peliculaDespués de cada partido llega a casa para encerrarse en su recámara. Pide que nadie lo moleste durante una hora, tiempo que se toma para reflexionar sobre su trabajo. Al final siempre deduce lo mismo: ya está harto. De hecho, el arbitraje comenzó a disgustarle a los pocos meses de haber debutado profesionalmente.

Para nada le afectan las críticas de la prensa o las mentadas de madre que le lanzan jugadores o aficionados. Lo que realmente le perturba es la condición de preso en la cancha. Se siente encadenado a un espectáculo que dista mucho de ser el juego que él amaba de niño. No puede escapar, no quiere hacerlo porque sabe que la necesidad de comer hace estragos.

Todavía está en óptimas condiciones para pitar otros cuatro años más. A la vez es su suplicio. Quisiera mandar todo a la basura, retirarse a la de ya, pero la enferma dependencia de pisar el césped, la frustración de no sentirlo como a él le gustaría lo mantiene como el malo de la película cada ocho días.

Se cansa de marcar faltas y sacar tarjetas. Le abruma hacer sonar el silbato una y otra vez para cortar el juego. Le encantaría no tener que advertir, encarar o regañar a los protagonistas. Uno de sus mayores deseos es dirigir un partido donde los dribles, las gambetas y las genialidades de los botines con talento sean el centro de atención, el fluir de 90 minutos. Por más que al inicio de cada encuentro le demanda a los jugadores “regálenme fútbol, pónganse a jugar fútbol, seamos libres”, todos lo ignoran.

Recientemente le incomoda la idea de imaginarse sometido a la tecnología, a aparatos que han de determinar si su desempeño es perfecto durante el trámite de un partido. “¿Necesitamos más árbitros en todo el campo en lugar de mejores futbolistas? ¿Y por qué mejor no les exigen a los actores ponerse a jugar fútbol? ¿Por qué no los dejan hacer con libertad lo que saben hacer en lugar de imponerles casi a punta de pistola una obligación que no atente contra el esquema?”, se cuestiona.

Pese a todo ello se sabe íntegro, honesto. Sin embargo también sabe que su integridad y honestidad no comulgan con los principios actuales. En todo caso, sus virtudes, así las valora, son perversiones de las que sí son completamente permitidas y establecidas. Él solamente quiere pitar un partido de fútbol, saberse dentro de un juego en el que cualidades y defectos aparezcan sin temores, donde los jugadores, los protagonistas, muestren con naturalidad las herramientas que la vida les otorgó.

“En lugar de marcar un tiro libre disfrutaría siendo testigo de una jugada como la de Maradona ante Inglaterra, o como el recorrido y disparo de Carlos Alberto ante Italia. Me encantaría correr a la par de Francescoli, Zidane o Redondo y presenciar la magia de su toque al momento de pasar el balón”, suplica hacia sus adentros.

El próximo fin de semana tendrá que seguir con su rol de villano. Asimismo le alegra un poco cerciorarse de que cada vez falta menos para decir adiós.

4 comentarios

  1. Maxchiva lunes 30, abril 2012 at 18:10

    No creo que ése sea el deseo solamente de un árbitro, sino de todos aquellos que de alguna u otra forma presenciamos este espectáculo que es el fútbol, sin importar si participamos desde dentro o fuera de la cancha… Buen relato, me gustó. Saludos.

  2. Juan Manuel martes 1, mayo 2012 at 18:51

    Muy cierto, creo que todos ponemos al juez como villano sin saber que el hace su trabajo. Da lo mejor y trata de no equivocarse, para que los jugadores sean los que manchan su trabajo. Tienes razon Elias tiene que haber mas magia con el balon que intentos de engañar al arbitro.

    • Elías Leonardo martes 1, mayo 2012 at 19:00

      Juan Manuel, y no solamente que no haya engaños, sino que también se pongan a jugar. Fácil es echarle la culpa al árbitro de todo, tanto que se abogan por tecnologías más para procurar el negocio en lugar de beneficiar al juego. Dicen que para evitar más errores arbitrales. El fútbol es imperfecto de origen, ¿para qué hacerlo perfecto? Ahora, si de errores se trata, pues no estaría mal que jugadores aprendieran a examinar lo que hacen y dejan de hacer. Un mal toque, un mal recorrido o miedo al acompañamiento no son factores de responsabilidad arbitral, ¿o sí? Un saludo

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