El sectreto a voces, certeza popular

¡Qué candente serie de cuartos en Libertadores!

La certeza le pertenece a la grada. Parece secreto pero se escucha por todos lados, retumba acá y allá, lo grita el público, pero es secreto porque generalmente hay quienes no quieren escuchar. Hoy cambió la corriente, como en contadas ocasiones. Muricy Ramalho, técnico del Santos, hizo caso al clamor popular, el poco que todavía se oía en el estadio Santos pues el disgusto se había acentuado por la nula visibilidad de la delantera y, claro, por la gigante actuación defensiva de Vélez.

El marcador en São Paulo decía empate a cero pero estaba la diferencia en el agregado por un gol a favor de los argentinos. Y los de Brasil ya estaban agotados en fútbol. No pasaba la pelota de tres cuartos de terreno rival. Ni Neymar, ni Elano, ni Ganso y mucho menos Kardec.

En eso, cuando faltaba poco más del cuarto de hora para el final, se agudizó el murmullo que clamaba por Léo. Oleadas del nombre del viejo lateral zurdísimo se convirtieron en una avalancha para Ramalho. No tuvo más remedio que meter a Léo. Y Léo le resolvió el juego. Su ingreso obligó a Neymar a dejar el anonimato en la banda izquierda y se corrió tantito para el centro, donde juega mejor. De ‘nueve y medio’. Y Léo, ¡qué sorpresa! era un Roberto Carlos pero el doble de rápido. Así no pudo más Peruzzi, la revelación solidísima en defensa, y el paso se abrió siempre por la izquierda, con Léo animando el ataque.

Tardó un poco en formularse el gol que empataría la eliminatoria. Y así, con el 1-1, en correcta definición de Kardec tras la gesta de Léo, con pared y voltereta incluida, se esfumó el tiempo regular y aparecieron los penales. Después del gol, hay que decirlo, el juego cayó en un bache del que no se levantó. Despertó Santos pero Vélez mantuvo su postura contundente a la retaguardia. Y entonces, la pena máxima.

Comenzó Vélez callando de nuevo bocas mediante el Burrito Martínez y alzando el grito en la tribuna retacada de sus hinchas que apoyaron en la hostilidad ajena. Pero pronto se le deformó la risa, pues vendría la hegemonía del actual campeón. Marcó Kardec, la voló Canteros, convirtió Ganso, atajó a Papa el meta Rafael, Sentenció Elano y Seba Domínguez anotó sólo para ampliar la gonía celeste. Ya sólo faltaba la cereza, de nombre Léo, Leonardo Lourenço. Claro, así era el guión. El héroe veterano que a sus 36 años iluminó una densa oscuridad que daba un dejo a insuperable, pidió el cuarto tiro penal. Y lo cobró así, decidido, tal y como lo hizo al entrar al cotejo cuando faltaban 17 minutos del final.

Santos, que había destrozado a medio continente, contra Vélez se topó con la realidad de la inmortalidad y su pared de apellido Peruzzi. Pero les duró poco… Léo apareció para retornar a su equipo, gracias al público exigente, al lugar que parecen estar aferrados para no volverlo a soltar. A menos que Corinthians diga lo contrario.

2 comentarios

  1. Carlos jueves 24, mayo 2012 at 22:25

    Jugadorazo, da gusto disfrutar de jugadores que a pesar de su edad y mas en posiciones que requieren del mayor desgaste y velocidad como las laterales, brindan ese nivel tan alto, otro ejemplo es Zanetti

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