Se llama Fernando

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=V1-blDuOEGs[/pro-player]“Para ver fútbol y otras cosas no tan importantes, Manuel pide prestados los ojos de sus amigos”, Eduardo Galeano.

A Fernando

Todo es posible

Alguna vez escuché la historia de un hombre que tenía el oficio de cronista de fútbol. Dicen los que lo escucharon que no había partidos malos o aburridos salidos de su voz. A tal grado llegaban sus narraciones que muchos aficionados dejaron de ir a los estadios para quedarse en casa pegados a la radio; preferían imaginar y sentir con las jugadas que describía ese hombre que a copar las tribunas para presenciar somníferos encuentros.

También supe de las hazañas del delantero extraordinario. Metía goles de todo tipo y jamás terminó un encuentro sin haber perforado por lo menos una vez la portería contraria. Decían que era especial porque, a diferencia de los demás, él entrenaba de manera muy distinta a los métodos conocidos. En lugar de hacer gimnasio o correr dos horas dedicaba tiempo a oler el césped, el balón, así como a identificar el aroma distintivo de cada uno de sus compañeros. Previo a iniciar los partidos olía a los rivales y ponía atención a sus voces, mismas que retenía en cuestión de segundos. Olfato, oído e intuición eran su brújula para moverse en la cancha.

De igual manera destaca la anécdota del viejo del café. No había día en que no se hicieran largas filas para entrar a la cafetería. No era precisamente porque el café fuera exquisito, sino porque todos los futboleros acudían para charlar con el anciano. El hombre era una enciclopedia, se sabía todo, santo y seña de cada jugador, partido y director técnico. Así como respondía dudas también compartía pasajes desconocidos del fútbol y que cautivaban a los que lo escuchaban.

Los tres personajes citados tienen algo en común, la ceguera. Mitos o leyendas urbanas, lo cierto es que sus historias no pusieron de pretexto la ausencia de vista para hacer soñar y complacer a quienes confiaron y creyeron tanto en su imaginación como en su creatividad, tanto en su ingenio como en su capacidad de reinventar universos.

Pequeña carta

Anhelamos que en tu nuevo mundo la desgracia se convierta en alegría. Nos encantaría presenciar y escuchar los partidos y jugadas que tus sueños construyen a partir del deseo inocente que impulsa tu infancia.

Queremos ser la afición que abarrote el estadio que edificarás en el camino que te queda por recorrer. Sabemos que no es fácil, pero no imposible. De hecho nos has permitido ayudar en poner la primera piedra del recinto de tus dribles y gambetas, de tus atajadas y remates. Lograste hacernos saber que existes, que estás y tienes nombre. Nos diste la oportunidad de recordar que tenemos sentimientos y de que podemos derramar una lágrima sincera en tono de porra y cántico en aras de tu bienestar.

Gracias a tu camiseta, la de ser niño, contribuiste a que entendamos que en tu proyecto no hay rivalidad y sí comunión de simpatías. De igual forma nos concediste el chance de ondear banderas que alientan tu trayecto al gol, banderas que esperan no moverse con el viento sino con los movimientos y recorridos que emprenderás en la elaboración de llegar a la meta.

Juega, siempre juega. Si algunos quisieron destruir la belleza de tu infancia e inocencia, hay otros que han de rescatarla y enaltecerla con la distinción a tu existencia, Fernando.

*En días pasados, Fernando, un niño de cinco años de edad, fue víctima de una atrocidad. Su madre, aparentemente convencida de que se iba a acabar el mundo, le extirpó los ojos al pequeño en un ritual. Fernando salvó la vida, sin embargo quedó ciego de por vida.

2 comentarios

  1. Maxchiva lunes 28, mayo 2012 at 20:17

    Buen relato, soy testigo de que la ceguera muchas veces deja de ser un obstáculo en ciertas personas para demostrar que cuando alguien se propone algo, es posible conseguirlo y seguir adelante en la vida. Lo de Fernando es algo escalofriante, sin palabras… espero llegue a ser un ejemplo para los que le rodean y ánimo al pequeñito. Saludos.

    • Elías Leonardo lunes 28, mayo 2012 at 20:30

      Maxchiva, más que relato fue un sentimiento expresado. La tragedia de Fernando impactó, principalmente en tono rojo. Sin embargo evité ese matiz porque entre lo primordial están su infancia e inocencia heridas. Al igual que tú le deseo ánimo, así como también unas palabras que nos hagan recordar que existe. Un abrazo

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