Que Messi traiga un ratito de sueños

Lionel MessiEl fútbol argentino se desangra en internas de barras bravas, se mancilla el honor entre pateadores erráticos de tiro libre y cada vez está más huérfano de festejos. Más al hueso: el último fin de semana hubo un muerto por un enfrentamiento entre hinchas de Lanús; la costumbre de dirimir el poder a los tiros. Adentro, el juego se pervierte entre sombras proyectadas por otro poder: el de ganar sin importar el cómo; en lo que va del Clausura apenas hubo cuatro goles de tiro libre (sí, en el país de Beto Alonso y Rubén Capria, sólo por nombrar a dos emblemáticos especialistas) y el promedio de conquistas es una estafa a las emociones: un escaso 2,1 por partido, el más bajo de toda Sudamérica.

Con el fútbol sitiado, la Argentina le prende velas a Messi para que la rescate del mal endémico. El sábado ante Ecuador la gente irá a ver mucho más al chiquito con los pies de oro que a su Selección. Es entendible. Se necesita con urgencia alguien que les borre la pesadilla de los ojos. Pesa en los párpados tener que mirar ese fútbol que se muere y que lo matan; se muere sin goles y lo matan los que entre ellos se matan.

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