Recuerdos de la Euro. Karel Poborsky

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=imf2o6hA9fQ[/pro-player]Era 1996 y los recuerdos más frescos de selecciones europeas correspondían a la tragedia italiana del penalti fallado por Baggio, a la agresiva embestida búlgara comandada por Stoichkov, a la irreverencia sueca de Brolin y Dahlin, a la exquisitez futbolera rumana orquestada por Hagi. El Mundial del ’94 había pasado y la Eurocopa de Inglaterra todavía arrumbaba esas postales.

Pero en tierras británicas Italia, Bulgaria y Rumania durmieron el recuerdo con una penosa actuación. Por su parte, Suecia ni siquiera tuvo la vergüenza de participar. ¿Quién o cuál equipo tomaría la estafeta de lo inimaginable? ¿Bajo qué camiseta llegaría el conjunto de hombres, o el hombre, que rompiera el molde de los eternos favoritos, de la rutina del pronóstico? Entonces apareció la República Checa y en sus huestes un tal Karel Poborsky.

Tras haber perdido con Alemania, vencer a Italia y empatar con Rusia, los checos sortearon la primera fase para toparse con Portugal en cuartos de final. En el encuentro ante los portugueses se registró una jugada que en ese tiempo no me había impactado por su culminación, el gol del triunfo, sino por la forma en que se construyó, o mejor dicho por la manera en que no se destruyó.

Poborsky recibe el balón a unos metros del área rival. Conduce el esférico y, con un poco de suerte, aliada de los grandes, deja regados a dos portugueses. Sigue hacia el frente con la pelota lenta bien pegada a los pies y ante los ojos de cuatro defensores bombea el objeto redondo para dejar viendo estrellas a Vitor Baía. Con esa magistral definición, República Checa venció 1-0 a Portugal para calificar a semifinales.

Al revivir esa acción, así como la sentí frente al televisor, vienen a la mente los reproches surgidos de la indignación por no haberle puesto un freno a Poborsky. “No puede ser que nadie le diera una patada”, grité. El entrenador del colegio en aquellos años nos decía que “metro recorrido y bien logrado por el atacante se compensa con un buen raspón al pie”. ¡Qué enseñanza era esa! Sin duda nos hizo daño su forma de ver el fútbol. Claro, lo concebimos mucho después y cuando no volvimos a saber nada de él.

Años posteriores, y al ver nuevamente esa jugada, un amigo poco futbolero me decía que en la nobleza del jugador hay resquicio para admirar. “¿Crees que a Couto y compañía no les pasó por la mente rebanarlo? ¡Sí! Pero también algo en su interior, en la honestidad de admirar al rival con talento, les indica que al genio hay que dejarlo ser y la admiración inmediata es una muestra de ello”.

Ante su aporte agradecí que la patada no se haya dado. De lo contrario Poborsky no nos habría enseñado que en el fútbol todavía hay atrevidos que alteran el orden de lo establecido, que nacieron para jugar y hacer babear al adversario. En la Eurocopa del ’96, los checos no solamente rompieron los pronósticos al llegar a la final, sino que permitieron el alumbramiento de un futbolista capaz de resguardarse en el ingrato olvido con una sola pincelada.

Tras ese torneo no se hablaba de la campeona Alemania sino del melenudo checo creador de un golazo ante Portugal, del melenudo checo que disputó el Mundial de 2006 en el ocaso de su carrera y que el tiempo se encargó de borrar.

4 comentarios

  1. Jorge martes 5, junio 2012 at 19:45

    Hola Elias
    Uffff….deja regados a dos contrarios producto de un rebote y la suerte le acompaña, la barrida tardía y/o la complacencia de los defensores se conjugaron para que el señoron Poborsky nos regalara UN GOLAZO….jugadon si señor!!!
    Saludos Elias

    • Elías Leonardo martes 5, junio 2012 at 19:50

      Jorge, la suerte suele acompañar a los grandes. Al igual que tú, me cuestioné la complacencia de la defensa y sobre todo la ausencia de una patada. Qué bueno que no se propinó, sino imagínate lo que se habría perdido. Un abrazo

  2. Maxchiva martes 5, junio 2012 at 22:05

    No tengo muchos recuerdos de esa Eurocopa, pero de lo que si no me olvido es del juegazo de Inglaterra vs Alemania y de la final contra la República Checa donde con un cabezazo los teutones ganaron en un emocionante partido… creo que es de los recuerdos más añejos en mi memoria respecto al futbol… este gol ya lo había olvidado…

Your email address will not be published. Required fields are marked *