El pequeño triunfo de Giorgos

El triunfo de GiorgosAl caminar por las calles de Atenas en compañía de su madre, el pequeño Giorgos enfoca su mirada en un anciano que vende mapas de la ciudad. La imagen del hombre lo atrapa, le conmueve. A sus siete años de edad, el niño sabe que nadie le comprará un mapa porque nadie tiene dinero para gastar. Gracias a las noticias y a las preocupaciones en casa está enterado de que el desempleo es el cáncer de toda Grecia.

“Hijo, apúrate. Se nos hace tarde para que veas el partido”, le dice su madre. Y es que Giorgos está ansioso e ilusionado por ver el debut de su selección en la Eurocopa. Antes de emprender la marcha, Giorgos le pregunta a su mamá si puede invitar al anciano. Ella no opone resistencia, entiende el mensaje de su hijo.

-Señor, quiero que vaya con nosotros a ver el juego.

El hombre lo observa con sorpresa, jamás hubiera esperado la ternura de un chamaco en plena crisis. “¿Me estás invitando a tu casa sin saber quién soy?”, cuestiona el anciano.

-¡Sí! No lo conozco, ni me importa saber quién es. Lo que sí sé es que mi papá puede comprarle un mapa, o muchos. Además tenemos comida.

Con sus mapas, el anciano toma rumbo con sus dos anfitriones. El pedazo de calle para la vendimia ha quedado vacío. Sin embargo, Grecia cuenta con un aficionado más que la ha de apoyar ganen o pierdan ante Polonia, un aficionado que ha ganado con el comienzo de la Euro y que triunfa aunque sea un día al igual que su guía, Giorgos.

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