No lo abucheen nunca

Después, como a la hora de partido -y aunque más tarde Fàbregas cerraría el marcador- Pirlo se aventaría la gran jugada… correría tan rápido como pocas veces y utilizaría su inteligencia superdotada para encontrar esas rendijas invicibles que perfilan a cualquiera hacia la meta. Y, bueno, no cualquiera. Terminaría anotando Di Natale, sustituto del personaje central de este escrito: Mario Balotelli.

Que no lo abucheen ni le lancen plátanos ni le hagan ademanes de simio. Hay que expandir la mente, ampliar fronteras, eliminar el racismo. Hay que verlo jugar. Balotelli tiene la estrella que rescata de la oscuridad la luz, la mayoría de ocasiones que está en el campo de juego. El césped, la pelota y el fútbol reclaman los regalos que el delantero ofrece sin recato.

Hoy, mientras el juego entre España e Italia se encontraba en una trancisión interesante, intensa, cerrada, despertó a la tribuna y llenó más allá del estadio, al mundo atento al cotejo -y más allá-, de aplausos y vítores. Se encendió la pasión y tanto españoles como italianos, eufóricos, le agradecieron el gesto.

De Rossi en la central azzurra, despejó buscándolo. Mandó un balón elevadísimo y que, cuando iba en picada con destino a superar la línea de banda, lo atajó Súper Mario, con una delicadeza del tobillo, contradictoria a su estilo o personalidad. Increíble.

A Mario, que entre su mar de explosividad, furia y descontrol, su fanfarronería y presunción… no lo abucheen, ni le tiren plátanos, ni nada. Que lo disfruten, mejor.

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