Un gol digno del país de las maravillas…

Un gol digno del país de las maravillas...Charles Lutwidge Dogson fue un notable matemático y fotógrafo del siglo XIX. Era inglés.

De joven rondó el sacerdocio. No era raro, su abuelo llegó a ser obispo y su padre fue archidiácono de la catedral de Ripon. Pero nunca se le antojó esa vida. Desde muy niño se enamoró, en cambio, de las artes y el pensamiento. A los siete años leyó The Pilgrim’s Progress de John Bunyan, y sus cercanos decían que ya se le notaba una precocidad intelectual.

A los 24 años su tío le presentó la fotografía y encontró ahí su expresión. Su gran filosofía como fotógrafo fue la belleza humana. Persiguió la belleza como un estado de gracia, un medio para recuperar la inocencia perdida.

Prestó mucha atención a las matemáticas. La geometría era su especialidad. Él sí, y no es dicho, se concentró ampliamente en la cuadratura del círculo. Sabía de álgebra, aritmética electoral, votaciones y lógica, mucha lógica. Estudió la paradoja de Aquiles y la tortuga e introdujo los árboles lógicos.

Y este inglés también escribía, y escribía bien. Hace falta mencionar una sola obra suya para caer en cuenta qué tan magnífico fue. En 1865 publicó Alicia en el país de las maravillas bajo un seudónimo, el que siempre utilizó: Lewis Carroll.

Hace ratito me acordé de él… En una jugada de centro y remate tan exacta como las matemáticas, un inglés creó un gol digno del país de las maravillas. Fue un remate de cabeza fino pero contundente, que nos dejó una fotografía repleta de belleza. Se apellidaba Carroll también.

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