Una tragedia, un zar y la promesa rusa

La tragedia de BeslanLa noticia fue contundente. Alexander Mostovoi, uno de los mejores jugadores rusos de los últimos tiempos, era marginado de su selección en plena Eurocopa por criticar públicamente los entrenamientos excesivos del técnico Georgy Yartsev. El Zar de Balaídos, mote ganado por su mítica figura en Celta de Vigo, retó al llamado “futbol actual” para cuestionar a su entrenador, ¿cómo era posible que se le diera más importancia a correr y enaltecer el trabajo físico por encima de priorizar las virtudes de cada jugador y de la relevancia que implica saber tocar el balón?

“Los comentarios faltos a la ética formulados por Alexander Mostovoi significan que no puede permanecer con el equipo”, dijo Yartsev para justificar su medida. La ética a la que apeló el técnico de Rusia se reflejó con el último lugar del Grupo A en la Euro de 2004. El golpe dado a Mostovoi fue también un golpe dado a muchos aficionados rusos, entre ellos al adolescente de Beslán.

El muchacho tenía 14 años cuando supo a través de la televisión que su ídolo fue separado por pronunciarse en favor de más y mejores futbolistas en lugar de atletas. A partir de ese momento decidió que no volvería a ver la pantalla chica, pues apoyaba las palabras del marginado y creyó que era la mejor manera de demostrarle fidelidad a su postura. Sin embargo no faltó mucho para que encendiera otra vez el aparato. Dos meses después un vecino ciego tocó a la puerta de su casa para pedirle que le corroborara lo que había escuchado en la radio, que un grupo de hombres armados tenía secuestrado al Colegio de Enseñanza. El chico, complaciente a la solicitud del vecino, prendió el televisor y confirmó el hecho: terroristas habían tomado las instalaciones del colegio.

En los días posteriores, el adolescente no pudo dormir. Cifras oficiales indicaron que un total de 171 niños habían muerto como consecuencia de explosiones y tiroteos entre los terroristas y las fuerzas especiales rusas. La masacre de la escuela de Beslán le arrebató el sueño por completo. Para ayudarlo a salir del estado de shock, una tía acudía diariamente con él para ponerle videos de Mostovoi, sabía que era lo único que podía distraerlo para alegrarse.

Junto a los videos le obsequió un balón. El chico le sacó provecho a la pelota; primero para olvidar paulatinamente el trauma y después para soltar las piernas con ganas de imitar a su ídolo. Poco a poco se dio cuenta de que no lo imitaba, sino que él tenía sus propias condiciones, ajenas a las de Mostovoi pero singulares para pensar en que podía llegar a ser un futbolista profesional.

Con el tiempo, Beslán se convirtió en un pasaje por el que guardaría luto, mas no traumas. Pasaron los años y su mente estaba en las canchas, principalmente en las de Moscú. Al igual que Mostovoi quería jugar en un césped de la capital rusa. No obstante llegó a lograrlo con un equipo distinto al que vio nacer al Zar; Alexander vistió la camiseta del Spartak y él viste la del CSKA.

Han transcurrido ocho años de los dos sucesos que le impactaron. Aquél adolescente es ahora un joven que defiende los colores de la selección rusa y no quiere saber nada de violencia, por tal motivo pide a los aficionados de su país comportarse, principalmente en la Eurocopa de Polonia y Ucrania.

Sobre Mostovoi, su ídolo, quisiera imaginar que las recientes declaraciones del Zar a El País sobre él nunca existieron. “Dzagoev no es el mayor talento de Rusia: es bastante bueno, pero nada más”, dijo Alexander al diario español. En todo caso, Alan le pediría que le devuelva el favor que él le hizo en 2004; así como él apagó el televisor para honrarlo, Mostovoi debería encenderlo para ver que un ruso hizo caso a sus conceptos.

Pero tanto es su respeto al ídolo que Dzagoev prefiere saltar al campo de juego con la mente cubierta de las palabras vertidas por Mostovoi antes de que iniciara la Euro 2012:

Empecé siempre con el balón, desde pequeño, por las calles de Moscú. No había nada más al salir del colegio, día y noche, sin comer ni beber. Tenía un balón y lo llevaba a todas partes, hasta cuando iba de viaje. Siempre quería jugar con el mío. Allá donde fuera.

Y Dzagoev quiere llevarlo al mejor lugar en su carrera que apenas comienza.

4 comentarios

  1. Juan Reyna sábado 16, junio 2012 at 20:30

    Como siempre, impecable estas fabulosas historias. El futbol te da siempre estas paradojas. Amigo, supongo que has oído hablar de Moacyr Barbosa, portero brasileño del fatídico Maracanazo. Sería excelente que tu pluma enalteciera la vida de un hombre que estuvo marcada por aquella tragedia.

    • Elías Leonardo sábado 16, junio 2012 at 20:35

      Juan, sobre Moacyr y su tragedia se ha escrito mucho. Claro, nunca está de más darle otro matiz. Más ahora con Ghiggia, autor del segundo gol de Uruguay y que está grave de salud. Por el momento me enfoco en la Euro, pero ya veremos. Saludos

  2. i ele domingo 17, junio 2012 at 20:32

    Ándale, qué bueno está este post. Veré jugar a este Alan D.

    Saludos.

Your email address will not be published. Required fields are marked *