Poderoso caballero

Poderoso CaballeroCorría el minuto 70 cuando el árbitro Ramos decidió dar por concluido el partido. Los capitanes de ambos equipos se le fueron encima para reclamarle. Tranquilo y elegante, Ramos les pidió que se calmaran, que él los entendía.

-¿Por qué paraste el juego?

-Calma. Mejor díganme cuánto les ofrecieron.

-¿Qué insinúas?

-No nos hagamos tontos. He marcado tres faltas, ninguna de tarjeta. Apenas y he señalado dos tiros de esquina y dos saques de meta. ¿Cuánto les ofrecieron?

-50 mil para cada equipo.

-Yo se los pago.

La prensa tuvo que aguantarse la duda de la decisión de Ramos, pues los árbitros, según la Comisión, no están facultados para hablar ante los medios. Pero ante sus jefes, el colegiado rindió la explicación que le fue exigida: “Lo detuve porque en el reglamento dice claramente que ante cualquier irregularidad o anomalía detectada por el árbitro se puede suspender momentánea o definitivamente el partido si así lo amerita el caso. Y como vi que ninguno de los equipos quería meter gol lo mejor era acabarlo”.

Para no poner en tela de juicio la honorabilidad, la Comisión le retiró la licencia a Ramos de por vida. “Usted incurrió en algo muy grave. Afectó los principios y la ética del organismo sin nuestro consentimiento”, fue el argumento que le dieron. Sin embargo, Ramos no se inmutó y le daba lo mismo no volver a pitar.

Dos días después de su inusitada actuación, Ramos fue al banco para retirar 100 mil pesos. Posteriormente acudió al restaurante donde quedó de verse con los capitanes de los equipos “afectados” y les pagó lo acordado.

-Aquí tienen. 50 mil para cada uno.

-¿De dónde sacaste dinero?

-De mis ahorros.

-¿Por qué lo hiciste?

-Porque se me antojó.

Cumplida su promesa, Ramos se fue a su casa. Ya lo esperaba su esposa. “Amor, te trajeron un maletín. Está muy pesado, ¿no andarás en cosas malas, verdad?”. Él la besó y le dijo que no se preocupara, que no era nada para alarmarse.

Revisó el maletín y en efecto venía la cantidad que estaba esperando, un millón de dólares. Posteriormente hizo una llamada telefónica. Acto seguido salió de casa para dirigirse a la plaza donde quedó de encontrarse con su interlocutor, el mismísimo señor Gonzaga.

Gonzaga es uno de los hombres más ricos del país, un hombre que se ha hecho de una gran fortuna por vender todas las colecciones privadas de pinturas que le heredaron sus padres. Se le conoce por su famosa frase de monigotes sin vida que no te sacan de pobre no sirven.

-Te atreviste, mi amigo.

-Hicimos una apuesta y tengo palabra.

-Yo también tengo palabra, ya tienes tu millón de dólares.

-Es una cantidad que nunca iba a tener ni pitando 30 años seguidos.

Ramos y Gonzaga habían apostado a que el árbitro no tenía los pantalones para finalizar un partido 20 minutos antes del tiempo reglamentario. Y es que el millonario lo retó a eso para demostrar que el fútbol es como su concepción sobre la pintura, que es un deporte con monigotes sin vida y que solamente pueden servir si funcionan para sacar de la pobreza a algunos cuantos.

-Lo ves, Ramos. ¡Saliste de pobre!

-Nunca imaginé que fuera tan sencillo.

-El fútbol es eso, un banco sin hacer fila. Todo es cuestión de saber hacer las cosas. Ahora ya sabes cómo se gana el dinero fácil y sin tanta bronca.

-Bueno, pero quizá usted perdió un millón de dólares.

-Para nada, mi amigo. Aposté con algunos dueños tres millones a que lo harías. Que pierdan los jugadores y los aficionados, yo no.

Ramos se despidió del señor Gonzaga. En el camino iba pensando en qué gastarse su millón. No sabía si comprar una casa primero o regalarse un viaje a Europa con su esposa. Dinero y tiempo de sobra tenía para planearlo

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