El gol de Palencia de ayer

Emiliano Castro Sáenz
Por
Miércoles 8, agosto 2012

Pensando en lo rápido del tiempo, su movimiento ininterrumpido pero inmóvil, recordando el cuarto aniversario de ELBUENFÚTBOL* -este digno y combativo espacio de historias, reflexiones, escritos y periodismo de fútbol-, me dejé presa de la nostalgia. Arma de doble filo que baila temblorosa entre la paz de la memoria y la tristeza pura.

Y de los cuatro años que nos han llevado y transformado como personas me fui viajando a 1996. ¡Dieciseis años! ¡El cuádruple de nuestro glorioso cuatrienio!

Estaba sentado a la orilla de la cama. Ya el fútbol me calaba hondo e interrumpía cualquier situación en el escenario donde me encontrara. Por primera vez en Acapulco -que todavía no rosaba la decadencia de la que se levantaría más tarde- con los primos, tíos, abuela, hermanos y papá. Vacación a la mexicana.

Con la presión de la alberca allá afuera y del refunfuñe de la familia por ir a empaparse, Duilio Davino interrumpió las súplicas para salir del cuarto y, ahí, el tiempo se detuvo. Diez minutos antes del silbatazo final para que se decretara el empate a cero entre México e Italia, en el debut olímpico de los Juegos de Atlanta entre ambas selecciones, el entonces zaguero de los Tecos corrió como pocas veces, comandó el ataque mexicano y coronó la jugada con regate, quiebre fortuito a las promesas de la defensa italiana y habilitación perfecta a Palencia que no falló. Que levantó a millones y los abrazó. Que justificó mi desesperación por no salir del cuarto del hotel para ir a ver el famoso puerto de las fiestas y las aguas turísticas. Que definió como en la cáscara del Olimpo.

Nada más pensar el momento de alegría y de esperanza que se borraría como siempre -en aquél entonces-, estremece. Pensar en que casi todos los jugadores de ese partido, jóvenes además, ya están fuera del panorama o a unos meses de colgar las botas, agudiza. ¿Y qué pensar de las alegrías, cada una en su justa dimensión, con respecto a aquella y la de ahora? ¿La de estos Olímpicos?

Qué bueno sería ser niño hoy y tener como referencia Londres 2012 con el Chatón redimido, Con Corona seguro, con Fabián de figura y Peralta de goleador. Con el Gio del equipo al hombro. Porque a Palencia y ese uniforme horrible lo acompañaron Davino, Lara, Cuauhtémoc, Chiquis García, Luis García, Campos y demás. Y se supone que “no pasó nada” después.

Pero, bueno, la verdad es que no lo cambiaría. Volvería a estar sentado, inocente, espectante y confiado en que la siempre frágil Selección Mexicana algún día -imposible sí, por supuesto- tumbaría a los gigantes. Me quedaría frente a la tele, pegado, brincando de alegría y con la ilusión a tope, celebrando el tremendo golazo del Gatillero Palencia.


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