El gol de Palencia de ayer

Pensando en lo rápido del tiempo, su movimiento ininterrumpido pero inmóvil, recordando el cuarto aniversario de ELBUENFÚTBOL* -este digno y combativo espacio de historias, reflexiones, escritos y periodismo de fútbol-, me dejé presa de la nostalgia. Arma de doble filo que baila temblorosa entre la paz de la memoria y la tristeza pura.
Y de los cuatro años que nos han llevado y transformado como personas me fui viajando a 1996. ¡Dieciseis años! ¡El cuádruple de nuestro glorioso cuatrienio!
Estaba sentado a la orilla de la cama. Ya el fútbol me calaba hondo e interrumpía cualquier situación en el escenario donde me encontrara. Por primera vez en Acapulco -que todavía no rosaba la decadencia de la que se levantaría más tarde- con los primos, tíos, abuela, hermanos y papá. Vacación a la mexicana.
Con la presión de la alberca allá afuera y del refunfuñe de la familia por ir a empaparse, Duilio Davino interrumpió las súplicas para salir del cuarto y, ahí, el tiempo se detuvo. Diez minutos antes del silbatazo final para que se decretara el empate a cero entre México e Italia, en el debut olímpico de los Juegos de Atlanta entre ambas selecciones, el entonces zaguero de los Tecos corrió como pocas veces, comandó el ataque mexicano y coronó la jugada con regate, quiebre fortuito a las promesas de la defensa italiana y habilitación perfecta a Palencia que no falló. Que levantó a millones y los abrazó. Que justificó mi desesperación por no salir del cuarto del hotel para ir a ver el famoso puerto de las fiestas y las aguas turísticas. Que definió como en la cáscara del Olimpo.
Nada más pensar el momento de alegría y de esperanza que se borraría como siempre -en aquél entonces-, estremece. Pensar en que casi todos los jugadores de ese partido, jóvenes además, ya están fuera del panorama o a unos meses de colgar las botas, agudiza. ¿Y qué pensar de las alegrías, cada una en su justa dimensión, con respecto a aquella y la de ahora? ¿La de estos Olímpicos?
Qué bueno sería ser niño hoy y tener como referencia Londres 2012 con el Chatón redimido, Con Corona seguro, con Fabián de figura y Peralta de goleador. Con el Gio del equipo al hombro. Porque a Palencia y ese uniforme horrible lo acompañaron Davino, Lara, Cuauhtémoc, Chiquis García, Luis García, Campos y demás. Y se supone que “no pasó nada” después.
Pero, bueno, la verdad es que no lo cambiaría. Volvería a estar sentado, inocente, espectante y confiado en que la siempre frágil Selección Mexicana algún día -imposible sí, por supuesto- tumbaría a los gigantes. Me quedaría frente a la tele, pegado, brincando de alegría y con la ilusión a tope, celebrando el tremendo golazo del Gatillero Palencia.




































Buenísimo, me hiciste buscar la alineación y una generación que llego a conseguir jugar en la mayor muchos de ellos.
Venga! Muchas gracias por comentar Leonel. ¡Qué tiempos aquellos! Parecen ya muuuy diluidos por eso de que el segundero nunca para…
Abrazo!
Muy buen escrito e igual que recuerdo de aquel gol de Palencia y caer ante una gran Nigeria no es consuelo.