Sueños de balón

Sueños de balón

Oribe Peralta: gol soñado

Alguna vez, jugando en Wembley, recuperé un balón, disparé desde fuera del área y metí un golazo al ángulo. Creo incluso, si no me equivoco, que en el festejo con la tribuna, una chica, inglesa parecía, me guiñó el ojo. Ya no recuerdo bien. Tampoco tengo claro, porque fue hace mucho tiempo, si mi gol sirvió para ganar un partido de Mundial, de Champions o un amistoso entre puros cuates. Era Wembley, eso sí. Era también un sueño.

Peralta, que seguro alguna vez soñó lo mismo, lo cumplió. Y es entonces cuando el fútbol cobra vida. Se vuelve prodigioso.

Los sueños de balón, además, no son sólo cosa de niños. Luis Fernando Tena soñó también que dirigía a la Olímpica y ganaba una medalla. También que le ganaba el oro a Brasil.

Para los comentaristas deportivos, por otro lado, quedó el quehacer de no soñar. Si de ellos hubiera dependido, Oribe y Luis Fernando se habrían quedado en sus casas fantaseando. Por alguna razón, o por muchas, estos dos no se habían ganado, ante sus juiciosos ojos, el derecho de estar en Londres.

Es el duelo eterno entre quienes exigen el triunfo y quienes sueñan el triunfo. Los que sólo reclaman éxitos, luego, en venganza, recordarán sólo los fracasos. Los soñadores, en cambio, idealizan hasta las derrotas.

Desde Londres, los comunicadores de televisión, discutían insípidamente desde la generalidad temas elevadísimos como la mentalidad del mexicano, las nuevas generaciones, los genes triunfadores o los procesos del fútbol mexicano en su conjunto, cualquier cosa que eso signifique. “Tena hizo bien tal cosa”, “Hay que reconocerle al Flaco esto otro”. Todo saben, parece. Ellos, por lo que dan entender, hasta lo hubieran hecho mejor.

En el Metro de la Ciudad de México, en contraste, abundaban los platicones que, después del triunfo ante Japón, folclóricamente discutían durante 7 u 8 estaciones (que en tiempo son 20 minutos) lo que ellos hubieran hecho de haber estado en los pies de Oribe Peralta. “La hubiera regado, pero yo habría tocado a la derecha”, “No la pensó, yo hubiera intentado quitarme a los defensas”. Ellos seguían soñando, ¡y hasta se adjudicaban un imaginario fallo en el gol! Esa es la diferencia, tanta como respirar y exhalar.

Yo, mientras los oía, me esforzaba por recordar en qué partido había anotado aquel golazo…

1 comentario

  1. Maxchiva miércoles 8, agosto 2012 at 21:39

    Qué buen texto, para reflexionar y motivar la posibilidad de hacer realidad nuestros sueños muy a pesar de lo que los “expertos” o detractores digan en contra nuestra. Saludos.

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