El dÃa más feliz de su vida

El pasado sábado BalaÃdos era una fiesta; las tribunas del estadio celebraban el retorno de Celta de Vigo al máximo circuito español. La alegrÃa máxima se registró con el silbatazo inicial: los azules confirmaban una nueva aventura en un plano estelar. Para redondear el júbilo faltaba la victoria. Y apareció. No obstante fue en favor de la causa visitante.
Al minuto 59 de partido, Manuel Pellegrini mandó a la cancha a un joven camerunés de 16 años. Con el nervio que fluye en cualquier debutante, Fabrice Olinga entró al campo. Al correr un par de metros, al sentir firmes sus zapatos en un césped de primera, el africano se olvidó de los nervios. Rápidamente se ubicó en su posición para mantener ocupada a la defensa rival.
Para el minuto 72, Olinga encontró otro motivo para continuar desenvolviéndose con soltura. El Ingeniero efectuó otro cambio y dio ingreso a Diego Buonanotte. Como si se conocieran de toda la vida, camerunés y argentino se entendieron de inmediato. Hicieron de la banda derecha un sufrimiento para Celta de Vigo, un manjar para Málaga.
Acoplados en su parcela, Fabrice y Diego construyeron la jugada que terminó por doblegar a la defensa azul. Buonanotte filtró un pase a Olinga, quien a su vez fintó con facilidad a su marcador y disparó al arco. Ingrato, el esférico se estrelló en el poste. Pero en una fracción de segundo, la pelota recapacitó sobre su destino, no querÃa irse del juego sin ser dignificada.
Benévolo, el balón recompuso su travesura. Sin embargo lo hizo con otra de sus virtudes, el capricho. Se paseó por los botines de otros dos elementos de Málaga bajo el reto de ser mal tocado o cortado. Sorteado el reto, el esférico le regaló a Fabrice Olinga el instante que todo futbolista anhela. Dicho obsequio fue en cortesÃa al africano que jamás lo dio por perdido.
Al minuto 84′, Fabrice Olinga anotó el gol del triunfo para Málaga, el gol que duplicó su sueño. El camerunés simplemente deseaba debutar un dÃa en primera y algún dÃa perforar redes; el mismo dÃa que debutó se estrenó como goleador. “Hoy es el dÃa más feliz de mi vida”, publicó el africano en su cuenta de Twitter al término del encuentro.
Sobre el fragmento de tiempo que transcurrió entre su disparo impactado en el poste y posteriormente el gol, Olinga declaró lo siguiente: “Insistir es la alternativa de los valientes”. El balón le dio la razón, lo acompañó en su valentÃa y no solamente eso, sino también mandó un mensaje silencioso a los encargados de tratarlo con aplomo: “Aquà estoy. Si ustedes se atreven conmigo, yo los compensaré”.
Asà las cosas, en la marginación de la Liga, un chamaco de 16 años escribió una pequeña historia de lo que no deberÃa dividir a los pequeños de los grandes, la alegrÃa por jugar. Dicha alegrÃa se extiende al aficionado que mendiga fútbol sin necesidad de adherirse a un batallón.

















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