Las penas con fútbol son menos


De las rejas a la cancha
En otros países acontecen sucesos similares salvo con la diferencia de que son verídicos y no giran en torno al círculo vicioso de la delincuencia. Si alguien hubiese escrito que un reo abandona la prisión durante el día para ir a jugar fútbol con un equipo profesional y después retorna a las rejas para continuar con el cumplimiento de su condena no lo creeríamos y hasta pensaríamos que se trata de un relato fumado. Sin embargo sí sucede.
El pasado 5 de septiembre se disputó el partido Santiago Morning-Unión La Calera (2-1) en el marco de la Copa Chile. Más allá del resultado lo que llamó la atención fue la presencia de un jugador. Resguardado por gendarmes, uno de los integrantes de Morning arribó al Estadio Municipal de La Pintana. Inscrito por el club para participar en el certamen, el futbolista vigilado posee dos particularidades: es ruso y habita la Penitenciaria de Santiago por tráfico de drogas.
Detenido en julio de 2010 en el aeropuerto internacional de Santiago con seis kilos de cocaína que escondía en libros, Maxim Molokoedov fue sentenciado a tres años de prisión. Ajeno al idioma castellano, el único lenguaje que pudo evidenciar para relacionarse adentro del penal fue el balón.
Compañeros de pena, autoridades y visores futbolísticos quedaron sorprendidos por la calidad de juego que Molokoedov tiene en sus botines. Tal fue el asombro causado que surgió la idea de trabajar paulatinamente en su reinserción social a través del balompié. Mediante gestiones de personajes ligados al fútbol, entre ellos el seleccionador nacional Claudio Borghi, se obtuvo un permiso especial para que Maxim salga de la penitenciaria con el propósito de jugar partidos de la Copa con el equipo que le da la oportunidad de buscar la redención respecto a su pasado, Santiago Morning.
Ante Unión La Calera, Molokoedov debutó en el fútbol profesional chileno. Participó 55 minutos en la posición de delantero. Terminado el encuentro, en compañía de los gendarmes que lo cuidaban, Maxim volvió a su celda. Antes de ello expresó su sentir: “Estoy feliz por lo que hice hoy, feliz y agradecido, aunque seré más feliz cuando consiga la libertad”.
Mientras llega la libertad, Maxim y el fútbol chileno ya han escrito un pasaje real en el trayecto de la pelota: de la cárcel también salen jugadores. No siempre las historias de rejas abiertas se pintan de color negro. Para Molokoedov, en todo caso, el delito será no meter goles.
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Bravo por esta excepcional historia de vida! Ya antes había leído sobre este prisionero y sus posibilidades de jugar profesionalmente, hoy con alegría veo que su esfuerzo ha dado frutos, bien por él!
Maxchiva, y ahora sí no es una ficción. Ver para creer. Un abrazo