Messi,CR7 y la mejor mamá del mundo

Messi, CR7 y la mejor mama del mundo

Ídolos en común para algunos

Aprovecha que Mauricio está en la escuela para ir por su regalo. Las últimas semanas fueron de provecho en el trabajo y ganó lo necesario para cubrir los gastos de la casa y colegiaturas, así como para comprarle a su hijo las playeras originales que pidió de cumpleaños. Con toda la alegría de una madre queriendo ver feliz a su retoño, Raquel paga las dos camisetas sintiéndose dichosa de invertir en un sueño. Por fin el niño tendrá en sus manos la vestimenta de sus ídolos.

Con la bolsa cargada de ilusión se dirige hacia el colegio para recoger a Mauricio. En el trayecto hace escala en una panadería y compra un pequeño pastel. Pide a la despachadora que inscriba sobre el merengue lo siguiente: “Felices 10 mi Messi, mi CR7″. Y es que el niño se deleita con esos dos monstruos. A su edad no se pregunta quién es mejor y tampoco se sumerge en la rivalidad entre Barcelona y Real Madrid. Para él son dos ídolos, dos genios que juegan al fútbol como él quisiera hacerlo.

Es la hora de la salida y Mauricio corre hacia Raquel para abrazarla. Ella hace lo propio y le entrega su regalo. Dándose cuenta de lo que es, el chamaco brinca de gusto y presume sus playeras a otros compañeros.

-Mamá, ¡eres la mejor mamá del mundo!

-Y tú el mejor hijo del mundo.

-¿Qué vamos a comer hoy?

-Como es tu cumpleaños comeremos lo que tú quieras.

-¡Pizza!

Juntos toman camino hacia una pizzería cercana a la escuela. Ya en el lugar, Mauricio acaricia una y otra vez sus playeras. Se prueba una, se prueba otra y trata de aclararse con cuál jugará primero ahora que llegue a casa. Comen y aprovechan para partir el pastel. Más contento se pone el niño al ver que mamá le dice Messi y CR7.

-Oye mamá, ¿algún día iremos a Europa para conocerlos?

-Algún día, hijo. Algún día.

Antes de emprender la marcha hacia casa, Mauricio le pregunta a Raquel hasta cuándo tendrá que trabajar tan tarde. Le reprocha sobre los miedos que le perturban por las noches sin que haya nadie que lo tranquilice. Removida por las palabras de su hijo, ella solamente atina en decirle que se deje de cosas y mejor disfrute el momento.

Una vez que han llegado a casa, Mauricio rápidamente se quita el uniforme, coge su balón y playeras para salirse a jugar con los amigos de la unidad. Tanta es su euforia por las prendas que ni se despide de mamá. Por su parte, Raquel comienza a buscar la ropa adecuada para ir a trabajar.

Mirándose al espejo se contempla todavía joven, bella. Sus facciones son finas, delicadas; un rostro capaz de enamorar a cualquiera con una simple mirada. El cuerpo es el de una amazona. Piernas y nalgas de diosa, motivo de adrenalina y atracción por lo prohibido. Sus senos, firmes y redondos, incitan a enaltecer el juego de la carne.

Así como le prometió al niño sus playeras habrá de cumplir con el sueño de llevarlo a Europa para ver a sus ídolos. Para eso cree que ha llegado el instante de cobrar más, de dejar de meterse con clientes de medio pelo.

Teibolera para algunos, puta en vías de ser fina para otros. Una mesera para los vecinos, maestros y padres de familia en el colegio. Mujer muralla, Raquel aprendió a ignorar las etiquetas y los juicios, además de manejar con sigilo su andar. La única percepción que carga y la mantiene firme es la de Mauricio, la de “la mejor mamá del mundo”.

4 comentarios

  1. Maxchiva viernes 12, octubre 2012 at 10:22

    Cuando la felicidad de un ser querido está de por medio, no hay límites para procurarla. Gracias por este buen relato. Saludos!

  2. Jorge lunes 15, octubre 2012 at 19:36

    Hola Elias
    Estupendo relato…un reconocimiento para todas las Raqueles que día a día luchan por la felicidad de sus retoños…estos niños como Mauricio son felices por contar con “la mejor mamá del mundo”
    Saludos Elias

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