Se armaron de honestidad

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=8EVJOztyJSU[/pro-player]Durante el trayecto de cuatro estaciones del Metro, de Charlottenburg a Olympiastadion, suecos y alemanes discutían dentro de los vagones sobre el partido que arrancaría en par de horas. Los locales, siempre superiores en casi todo, y más en el fútbol, apostaban por la goleada a favor. Los suecos, ya bien servidos de cerveza pero en pleno ejercicio de su honestidad, por más animados que estuvieran, concedían la posibilidad. Con esa respuesta, además, cortaban toda la insistente molestia, casi burla, de sus contrarios.

Seguro que los alemanes no pueden ver el futuro, pero bastaba con ver el pasado para saber que Suecia nunca les ha causado grandes problemas. Las pantallas del Olímpico de Berlín lo corroboraron con imágenes de encuentros previos entre ambas Selecciones. Pura victoria germana.

Entonces el pronóstico abultado se hizo verdad. A los 3′ los alemanes ya habían mandado un balón al poste, a los 8′ Klose tenía el asunto 1-0, y siete minutos después él mismo había puesto el segundo. Mertesacker, después, al 39′ anotó el 3-0 en un partido, hasta ahí, muy confortable. Y por si quedaban dudas de la superioridad, todavía Özil anotaría el cuarto a los diez minutos de la segunda mitad.

Pero la honestidad del equipo sueco, igual que la mostrada por sus hinchas en el vagón, fue un arma. Si no podían jugar mejor que Özil, Schweinteiger, Reus y compañía, sí podían ser más luchones, más duros, más combativos. Y lo fueron.

Media hora necesitó Suecia para regresar de la paliza. Ibrahimovic, Lustig y Elmander, en quince minutos, dejaron la diferencia a sólo un gol. Cómo, no se sabe, tal vez ni ellos, pero si seguían siendo honestos sabían que si aflojaban, los volverían a golear. Y siguieron peleando.

Al 93′ finalmente llegó el premio. Tanta lucha se convertiría en el cuarto gol, cortesía de Rasmus Elm, que dejó mudo al hasta hace poco ruidoso Olímpico. Fue la respuesta, en la cancha, a ese primer tiempo que fue una molestia, casi burla, de los contrarios.

Desde Berlín, Alemania.

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