Una pizca de razón

Una pizca de razón: El grito de gol de Juan Hernández

Juan Hernández en el Neza ’86

Empiezo a sospechar que los goles cada vez se gritan más feo. No por una cuestión de mala voz ni por la malograda modulación del alarido. Ni siquiera, creo, tiene que ver con una natural ausencia de vergüenza ante el bramido.

Si esta sospecha tiene tintes de verdad y el grito de gol es cada vez más deforme, la explicación, creo, es por falta de emoción, de proximidad, de enternecimiento. Pero sólo se cae en cuenta de esto cuando aparece una voz genuina, innegable. Ahí se nota la diferencia.

Lo vi hoy en el Neza-Dorados, jugado en Nezahualcóyotl. Agradable clima, aceptable entrada, mejor partido y hasta goles bellos. Además, como aderezo, Cuauhtémoc Blanco en la cancha, acompañado por nombres como Frausto, heroico en la Copa MX, Daley Mena o Juan Hernández hijo, que han tenido muy buen torneo.

El juego iba 1-1 (1-2 global para los de Sinaloa) hasta el minuto 67′. Serie abierta. El gol de Neza, apenas al 4′ por Ever Guzmán, se gritó feo. Se oyeron más risotadas y chillidos que auténticos rugidos, de los de antes, de los que valía la pena liberar y escuchar.

Pero cuando cayó el segundo gol dorado al 68′, anotado por el paraguayo Gustavo Ramírez, entre el silencio que se hizo en el cada vez más apolillado estadio mundialista escuché el estallido de un grito auténtico, sacado desde las tripas, de los que sí o sí se escapan con un vozarrón: “¡gooooooooool!”.

No hacía falta averiguar quién era el tipo para saber que el gol lo conmovió. Debía estar más que involucrado o saber perfectamente de qué se trata estar allá abajo. Tal vez era parte del club, uno de esos muy fieles aficionados o quizá familiar de los jugadores. Pero de que era un grito de emoción, no había duda. Se notaba. Sólo por curioso giré la mirada para ver al autor del gritote y no hubo necesidad de indagar nada más para, al menos por esta ocasión, saber que la sospecha tiene aunque sea una pizca de razón: Era Juan Hernández, El Cheché.

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