Un amargo adiós

De todos los entramados posibles para morirse, el destino eligió uno de los peores para Chava Reyes. Lo despidió por la puerta de atrás. El adiós de una leyenda del fútbol mexicano, de un símbolo chiva, se hizo acompañar de piedras duras para encaminar con amargura al ídolo en su travesía hacia el mundo de los muertos. Dicen que la tragedia envuelve a los grandes; Salvador Reyes no pudo comprobarlo. Ya había fallecido cuando apareció el desencanto.

Su féretro albergado en un estadio vacío, abrazado por un silencio indiferente, fue el punto culminante de su despedida. Más allá de las tribunas sin alma, Reyes partió sobre un césped que no le correspondía, sobre una cancha donde no forjó su historia. En su último adiós, como dice un amigo aficionado al Guadalajara, «se equivocaron de estadio». Un inmueble alejado de todo y cercano a la nada; distante del pasado de glorias rojiblancas y ligado a la incertidumbre de un presente que suplica memoria.

FacebookTwitterWhatsAppEmail

8 comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *