Bohemio por adopción

Cancha de Argentinos

Todo por visitar la cancha del Bicho

Algo rara pasa. Después de rondar algunos días por varios barrios, varias calles, varios lugares, ningún argentino moldeado por los prejuicios hace acto de presencia. Extraña que ninguno sea arrogante, engreído. No hay uno que se sienta o presuma ser engendrado por los dioses. Todo lo contrario. “La Volpe ha vendido una mala imagen de nosotros”, dice en tono de broma un taxista.

Ávidos de informarse sobre el Chavo del Ocho, de cuestionar todo lo relacionado a Don Ramón y la torta de jamón, también están deseosos de mostrar y compartir su tradición futbolera, de hacer sentir su camiseta con el extranjero. El de River se apunta para la visita guiada al Monumental, el de Atlanta no lo piensa y obliga a hacer escala en el León Kolbovski. El hincha de Nueva Chicago extiende la invitación para tomar una cerveza y así platicar sobre una pasión que suele ocultar dada su condición de literato.

En Bariloche, lejos de la capital, lejos de su barrio, Eduardo, propietario de la hostería, aguarda el momento en que el mexicano sale a fumar para hablarle sobre Ferrocarril Oeste, su equipo. Le muestra una fotografía donde aparecen un anciano y un niño con la remera verdolaga. “Sufrí mucho no haber ido a su entierro, no estaba en el país. Era mi abuelo, el hombre que me inculcó amar a Ferro”, describe con un nudo en la garganta. Le apena no tener a la mano una playera de Ferro para regalarla al turista, a cambio le obsequia una cena para continuar charlando de fútbol.

Pero es en La Paternal donde se forja una experiencia especial para el mexicano. Mientras todos pelean por convencer al extranjero de que hinche por su respectivo color, escasean los hinchas de Argentinos Juniors. Nadie alza la mano para acompañarlo a recorrer el estadio Diego Armando Maradona, así que opta por hacerlo solo.

El asfalto luce vacío, ningún alma a la redonda. Únicamente la cancha del Bicho respira, pese a que no hay partido. El mexicano lo contempla una y otra vez, le da tres vueltas para admirarlo. Arropado por un silencio estampa hace el intento por ingresar, imposible, no hay nadie que le abra. Es triste un templo callado, es revelador ante la ausencia de gargantas.

De regreso a casa, caminando por la obligación de una reflexión no pedida, el extranjero descubre que le teme a la soledad, lo admite después de tantos años. Vaya efecto causó la visita al Diego Armando Maradona. Así se lo hace saber a su anfitrión y familiares del mismo. Se desconciertan ante lo escuchado. “¡Qué tipo tan raro sos!”, expresa uno de los incrédulos. “¡Es increíble lo que me decís!”, añade a su reacción.

Aprovechándose del estado anímico de su huésped, el anfitrión, contando con sus familiares como cómplices, lo enfundan en la remera de Atlanta, lo declaran Bohemio por adopción. “Que los estragos del Bicho los cure el Bohemio“, celebra uno de los presentes. Ni hablar, le han ganado a la carrera a los otros; River, Ferro y Nueva Chicago, tendrán que esperar a su mexicano.

-Vos podés votar por el que te plazca. Vos podés casarte con la mina que te guste. Vos podés elegir el vicio que quieras. Pero vos sos de Atlanta, que quede claro.

En casa de un Bohemio, la soledad no existe. El extranjero duerme y amanece rodeado de una hinchada festiva, que aplaude hasta sus ronquidos: “Cantás como los rinocerontes pero no importa, sos de Atlanta”.

*A Horacio, Marcelo, Ariel y Santino, los bohemios que me adoptaron.

2 comentarios

  1. Maxchiva domingo 24, febrero 2013 at 23:35

    Un buen tour futbolero por las Pampas del fútbol… sin duda una experiencia de vida inolvidable.

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