Aires argentinos

Aires argentinos

Una de tantas anécdotas

Lugar pisado, lugar donde se respiró fútbol. Corteses y amables con el extranjero, los hinchas brindaron tiempo para compartir su pasión por un escudo, por una camiseta (remera pues). Cada uno sobre su equipo, honestos en su sentir, obsequiaron no solamente recorridos y su desnuda lealtad a sus colores sino también anécdotas que los reafirman como algo más que simples aficionados, residentes de algo más que un simple juego.

BOCA JUNIORS

Marcelo sorprende al mexicano con la acreditación para ingresar a La Bombonera con gafete de prensa. Boca ha de medirse al Toluca y antes del silbatazo inicial, el templo xeneize es un hervidero. Cantan y gritan como locos, como poseídos. No hay bostero alguno que procure el silencio y la inmovilidad, así lo hacen sentir cuando tiembla el inmueble. No es mito, efectivamente tiembla La Bombonera.

Un apasionado de Boca, compañero laboral de Marcelo, le pregunta al mexicano qué siente, por qué está allí. “Quiero ver a Riquelme”, le responde. Sin saberlo ha pronunciado las palabras mágicas para ganarse la simpatía del apasionado xeneize, las palabras que habrán de protegerlo cuando acabe el partido.

En un hecho que nadie espera, Toluca vencerá a Boca con autoridad. El mexicano saldrá callado de la cancha para que su acento no lo delate y evite agresiones por algún xeneize alterado. Dolido, herido, sumamente molesto por la derrota, el apasionado compañero de Marcelo reprimirá su coraje en aras de proteger al ciudadano azteca. Una vez que suban al auto que los ha de llevar a casa, estallará. El mexicano lo comprenderá. “Disculpa viejo, pero las derrotas no se curan tan fácil. Ya lo entenderás, los dos nos quedamos con deseos de ver a Juan Román. No dudo que sea una gran experiencia para vos, pero incompleta sin Riquelme”, dirá. Y la razón le asistirá.

RIVER PLATE

Ni tardo ni perezoso se presenta con un “soy de River”. Está feliz de que el Pelado Díaz haya retornado al banco del Millo. Si bien lo detesta como ser humano, lo valora como director técnico. Quiere lo mejor para él, para el equipo. La primera aduana será Belgrano, el maldito club que los mandó a la B. El destino los pone de nuevo frente a frente y el hincha gallina prepara su cábala para que el Pelado debute con un triunfo.

-Veré el partido en dos televisiones, las dos juntas, las dos pegadas.

-¿Y eso por qué?

-En una vi el ascenso, la otra es nueva. La del ascenso tiene fallas pero es de buena suerte y la nueva…¡es el comienzo del éxito!

Surte efecto. River se impone en su visita al Pirata con goles de Vangioni y Luna. Después vencen a Estudiantes de La Plata en el Monumental con gol de Trezeguet. La racha se extiende contra Tigre, al que derrotan con doblete de Luna y un tanto de Iturbe. Ahora lo único que pide al cielo es que no se vaya la luz cada vez que juegue River: “Es probable, no lo sé, que allí culmine la cábala. Tiempo al tiempo, ¿viste?”.

RACING

En Buenos Aires es raro que alguien no acuda al psicólogo. La terapia para ellos es como tomar un café para nosotros; los discípulos de Freud y Lacan siempre tienen trabajo. El futbol no está exento de hacer escala en el diván, mucho menos cuando hay una o varias derrotas de por medio.

Al pibe lo ha terminado la novia, apareció un tercero en discordia. “Uh, doloroso ¿no?”, le expresa su terapeuta. Tras una pausa de enmudecimiento, el chico le confiesa que el verdadero penar se llama Racing.

-Un día antes del partido contra (Atlético) Rafaela me mandó la mierda, a la mierda me mandó. La muy pelotuda me dijo que le gustaba alguien más, que lo mejor era ponerle fin a la cosa.

-¿Y qué tiene que ver Racing?

-Soy de Racing, ¿viste? ¡De Racing!

-Ajá.

-La muy pelotuda se fue con uno del Rojo, con uno de Independiente ¿viste? Pero eso no es lo peor.

-¿Qué es lo peor?

-Perdimos 3-0 contra Rafaela. Y eso, doctora, no me lo merecía. Juro por mi madre que no me lo merecía.

El pibe padece de un mal catalogado como tristeza. Cada vez que la Academia pierde, sufre. Teme acostumbrarse a ello por una poderosa razón: “Mirá mexicano, no quiero cargar con esto toda la vida. Soy joven, ¿viste? Joven. No quiero morir siendo triste, no quiero morir sin haber visto a Racing campeón. ¿Me entendés?”.

FERROCARRIL OESTE

San Carlos de Bariloche es un sitio obligado para conocer y la hostería Nuevo Pinar lo idóneo para hospedarse. La atiende Eduardo, uno de los dos propietarios. Tipo conversador, noble y amplio conocedor de la cultura mexicana, Lalo, como buen argentino, es un empedernido futbolero. Es hincha de Ferrocarril Oeste, el equipo de su barrio.

Sabe que su huésped mexicano sale a fumar dos veces por la noche, así que aguarda la segunda salida para hablar sobre su pasión verdolaga. Le muestra fotos, le narra sus emociones vividas durante la época de esplendor bajo la batuta de Carlos Timoteo Griguol, le describe cómo se siente acudir al Ricardo Etcheverry en compañía de los amigos de la infancia. Se le hace un nudo en la garganta cuando habla de su abuelo, el hombre que le enseñó a amar a Ferro. Hasta se toma la confianza de derramar lágrimas, gotas cargadas de una devoción indescriptible.

-Hay una situación que me llena de pena con vos.

-¿Pena? ¿Me vas a cobrar más o qué?

-No, no, para nada. Me encantaría que supieras lo que significa ser de Ferro y no tengo una remera para obsequiarte. ¿Te imaginás una remera de Ferro pisando el Estadio Azteca? Es un sueño mío, ¿viste?

-Bueno, no hay motivo para apenarse.

Realmente avergonzado de no tener al alcance una playera de Ferro para dar, Eduardo lo compensa regalando la cena y bajando el costo de la habitación. Eso sí, le pide un favor al mexicano: “Cuando regreses a la tierra de José Alfredo contá que conociste a un hincha de Ferro, a un verdolaga bastante adulto al que viste llorar por su escudo”.

INDEPENDIENTE

Está que no lo calienta ni el sol. Ni siquiera lo refresca el agua fresca de la pileta (alberca pues). La derrota en casa frente a Newell´s Old Boys es lo de menos, su ira tiene un culpable, Ernesto Farías. El partido estaba 1-1 cuando al Rojo se le presentó la oportunidad de un penal. Desde que vio al Tecla cogiendo el balón para ejecutar la pena máxima montó en cólera: “Lo va a fallar. Mirá su postura, mirá la manera en que agarró la pelota. No, no lo quiero ver”.

De reojo, dándole media espalda al televisor, contempló lo que pronosticó. Farías falló de manera grosera el gol que pudo ser la ventaja. Acto seguido Ignacio Scocco convirtió por la Lepra. Para rematar, Pablo Pérez marcó el tercero y definitivo para Newell´s a ocho minutos del final.

Alterado, tal cual energúmeno, opta por instalarse en un rincón apartado del jardín. No quiere que nadie lo moleste, pide tiempo y espacio para reflexionar sobre el yerro del Tecla. Se escuchan sus gritos: “pelotudo de mierda”, “la puta que lo parió”, “el mundo es una cagada”. Intenta tranquilizarse con un cigarro, con muchos más, es imposible. ¡Tan imposible que prolonga dos días su malestar!

Dos días después del daño provocado por Farías le dice al mexicano que ya pasó, que fue la calentura del momento, que llegó la hora de disfrutar un buen asado. Antes que cualquier otra cosa pasa al baño, le urge. “Farías, hijo de las mil putas que te parieron”, grita con rencor, un estruendo.

La bronca con el Tecla iba para largo, se extendió toda una semana.

HURACÁN

El recuerdo del título perdido frente a Vélez Sarsfield aún lastima. Hay palabras de agradecimiento para Cappa y ofensas al por mayor para Gabriel Brazenas, el árbitro que los dejó sin corona. Para Mauro es mejor abordar el pasado que el amargo presente; el equipo es sinónimo de “apocalipsis”. Ante la falta de buenos resultados del Globo, se sumerge en lo que para él hay que presumir.

-¿Viste la película El secreto de sus ojos?

-Sí.

-El plano secuencia del estadio se filmó en nuestra cancha. ¡En nuestra cancha!

Las pasiones no cambian y Benjamín Esposito (Ricardo Darín) acude al estadio para atrapar a Isidoro Gómez (Javier Godino). “A mí que no me vengan con que eligieron la cancha del Globo por cuestiones técnicas o de logística”, considera Mauro. “Estoy cien por ciento seguro que Esposito y Godino fueron pensados como hinchas de Huracán”, añade.

En su cartera guarda un recorte de periódico, es la noticia que informa sobre el Óscar que ganó El secreto de sus ojos en 2010 como Mejor Película Extranjera. “Nadie habla de lo realmente importante en la entrega del premio. Huracán estuvo en la ceremonia, el Globo aportó el plano secuencia de la gloria cinematográfica. El Óscar también es nuestro, somos parte de la historia”.

A reserva que lo que opinen Campanella y Sacheri, director y guionista del filme, Mauro está convencido de que es Huracán, y no Racing, la pasión oculta que sustenta la trama.

ATLANTA

De acuerdo a las estadísticas aportadas por los tragos, el poeta Juan Gelman es el único hincha de Atlanta en suelo mexicano. La categoría del que representa al Bohemio en la tierra del Chavo del Ocho es algo de lo que no pueden vanagloriarse otros clubes. Serán pocos, pero exportan calidad.

La familia Rodríguez considera que es buen momento de ampliar la cuota en el extranjero, especialmente en México. La idea es del Negro, un loco que vive 23 horas del día siendo bohemio, la hora restante la utiliza para la siesta. Su plan consiste en adoctrinar al ciudadano azteca que se hospeda en casa de sus padres. Horacio y Cecilia, sus padres, manjar de camaradería, así como Santino, su hijo, fungen como cómplices. Marcelo, su hermano, no se diga.

En periódicas lecciones lo ilustran con la historia del club, hasta le consiguen bibliografía para que se ponga al tanto. Lo llevan a recorrer las calles de Villa Crespo con el propósito de que sienta los aires bohemios. Como parte crucial de la enseñanza le obsequian una remera del equipo. Una vez que moldearon a su visita con los colores de Atlanta, el Negro decide entablar una plática bastante seria.

-Vos podés tirarte a la mina que te guste, podés casarte con la mujer que quieras. También podés elegir libremente a tus gobernantes o el trabajo que te plazca. Pero hay una cosa que no podés decidir: vos sos de Atlanta.

Antes de que el mexicano emprenda el viaje de regreso, interrumpiendo su preparación de maletas con rumbo a Brasil, el Negro acude a despedirlo. Palabras de adiós, agradecimientos y discursos de afecto pasan a segundo plano. Los susurros de encomiendas y comprobaciones los hacen parecer espías.

-Antes de que te vayas, decíme de qué equipo sos hincha.

-De Atlanta. Soy Bohemio.

-¡Extraordinario! Ahora tenés que prometerme algo.

-Dime.

-Usa la remera del equipo todos los días. O por lo menos toda la primera semana. Quiero que los mexicanos vean que Atlanta cruza fronteras.

-Así será.

Y así fue. El mexicano portó la remera de Atlanta durante una semana y de paso consiguió que a las estadísticas de los tragos se sumara un nuevo Bohemio. Gelman ya no está solo.

ARGENTINOS JUNIORS

Hinchas de Excursionistas, de Almagro, de Tigre. Ninguno de Argentinos Juniors, lucen por su ausencia. El mexicano tiene ganas de conocer la cancha donde Maradona brincó al estrellato, el estadio que lleva su nombre. Decide hacerlo solo.

Camina por La Paternal y no hay persona alguna a la redonda, es el único deambulando por el lugar. Se postra frente al templo del Bicho, lo recorre en tres ocasiones. Contempla una y otra vez los murales que le dan colorido al inmueble. No hay nadie, ¡qué cosa tan rara!

Un colectivo pasa junto a él y en la ventana dos chicos lo señalan, se carcajean de su solitario paso. “ídolo, pensamos que el Bicho no tenía hinchada”, le gritan. La soledad que rodea al Diego Armando Maradona remueve en el mexicano algo que no le es agradable. Es momento de volver a casa y en el trayecto se topa con una señora. ¡Aleluya! Después de todo sí hay vida en La Paternal.

-Disculpe, ¿dónde está la gente?

-A esta hora muchos van al psicólogo, jajaja.

-Gracias.

Entre broma y broma, la verdad se asoma. El mexicano terminó preguntando por el costo de una terapia.

4 comentarios

  1. Maxchiva sábado 2, marzo 2013 at 12:41

    Verdaderamente me ha gustado esta serie de relatos, me han ayudado a saber un poco más las incomprensibles maneras en que se desarrolla la pasión por el fútbol en Argentina. Un saludo.

  2. Jorge viernes 8, marzo 2013 at 13:19

    Hola Elias.
    Excelentes historias….esto es pasión!!!!, alguna vez con la facilidad que tienes para trasladarnos a diversos lugares por medio de tu pluma narra historias de la pasión en nuestro México.
    Saludos

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