Un ángel en la México

El angel de la Mexico

El sueño de multitudes

No huyas, cobarde

Media hora antes de que arranque la función, varones (jóvenes y adultos) ingresan a la Arena México llenos de emoción. Cualquiera pensaría que están ansiosos por ver y apoyar a sus luchadores favoritos. No es así. Corren hacia las edecanes, quienes obsequian productos de la marca que representan, o bien dan la bienvenida al aficionado haciéndole entrega de la cartelera. Para luego es tarde los emocionados las acaparan para pedir fotos y besos bien dados en la mejilla. Eso sí, se aguantan las ganas aquellos que van acompañados por su pareja.

Todas atraen, todas, pero una de ellas es la más solicitada. No es que las demás sean ignoradas, no. Ocurre que “el ángel”, “la diosa”, “el amor de mi vida”, “la única”, entre otros muchos apelativos atribuidos al sueño imposible, es la más identificada. Su rostro lo tienen grabado, pegado al alma, gracias a su aparición en televisión y algunas publicaciones. “Allí está Carolina, ¡allí está!”, grita uno de los incautos que se deslumbra ante su belleza.

Amable, cortés y siempre con una sonrisa, Carolina Rodríguez atiende a sus fans, a sus fieles enamorados. Además de halagos suele recibir regalos, desde una flor, una cartita, hasta enormes muñecos de peluche. “Se me fue la mitad de mi quincena en el oso”, confiesa uno de sus seguidores.

Sonrojados, agradecidos con la vida por la noche inolvidable, sus devotos se despiden de ella para intentar disfrutar de la función pues no quieren distraerse del momento en que estuvieron cerca de su “amor platónico”. En tanto, Carolina se dirige hacia el tipo que le debe una apuesta, y a quien ella le debe un pasaje futbolero.

-No huyas, cobarde.

-¡Qué milagro!

-No te hagas, me debes una playera.

-Y tú la anécdota de la camiseta.

Caro, la puma

Ha terminado la función, Místico venció en duelo de mano a mano al Dr. Wagner con ayuda de Último Guerrero. A las afueras de la Arena México, en el estacionamiento para ser precisos, ella atiende a sus admiradores. De entre todos los hombres que le demandan fotos y abrazos, uno rompe con lo establecido. No pide foto, tampoco abrazo. Se le acerca y la jala del brazo para preguntarle en cuánto le vende la playera. “No la vendo, corazón”, le responde extrañada. Aferrado, él insiste. Ella se agacha para ponerse a la altura del único varón presente menor de 10 años.

-¿Por qué me la quieres comprar?

-Es que es de los Pumas.

-¿También le vas a Pumas?

-Yo no, mi tío.

La madre del niño le platica que su hijo cambió de parecer respecto a sus ahorros. Acudieron a la lucha para que él viera en vivo a su ídolo, Místico, y para que pudiera comprarse una máscara de él. La careta del gladiador pasa a segundo plano porque quiere sorprender a su tío con algo de los Pumas.

-Mañana operan a primera hora a mi cuñado, es cirugía a corazón abierto y él quiere motivarlo con algo de los Pumas, mi cuñado le va a los Pumas. Ya le hemos platicado de que es una operación delicada y como mañana es sábado y ahorita es muy noche pues no encontraremos nada de los Pumas.

-Espérenme tantito.

Disculpándose con su séquito, se va. Retorna al interior del inmueble. Después de unos minutos sale con la playera de Pumas en la mano y con una máscara autografiada por Místico.

-Ten, te la regalo. Y Místico me pide de favor que te haga llegar esto.

-No, señorita. Díganos cuánto le debemos.

-Nada, nada.

Agradecida la madre, contento el niño, se fueron con sus regalos. Volverían a la postre a la Arena México, acompañados del tío, para compensarle el gesto a la edecán con una playera especial de Pumas, la camiseta del campeón en el Clausura 2011.

La apuesta

Nomás por molestarla, el tipo le apostó una playera del Real Madrid contra una del Barcelona por la serie de Copa del Rey entre ambos equipos. Y es que la Miss Lucha Libre tiene simpatía hacia los merengues por culpa de un jugador, Cristiano Ronaldo. Se le hace guapo, adorable, pero también puntualiza que es un futbolista con el talento para ganar un partido sin ayuda de nadie. “Es un crack”, subraya.

-Ya cumplí con mi parte, quiero mi playera.

Acuden a una tienda deportiva para saldar la apuesta. Debajo de su nueva playera blanca con el número 7 lleva puesta la de Pumas.

-La de la buena suerte, ¿verdad?

-Así es.

-¿Y si te la quieren comprar?

-No, para eso ya tengo una del Real Madrid.

Salen de la tienda y ella se sincera. No se siente del todo bien en torno a su equipo, lamenta no poder acudir con frecuencia al Olímpico Universitario debido a sus compromisos laborales. “Estar en las tribunas me gusta, allí dejo de ser el ángel. Soy una aficionada más, una aficionada que como cualquier otra quiere ganar con los suyos”.

2 comentarios

  1. Jorge lunes 25, marzo 2013 at 18:48

    Hola Elias, excelente relato de esta bella mujer. Y es que siempre es gratificante conocer alguna anécdota de este tipo y mejor aún si es de gente PUMA…..que te puedo decir yo ya ves que esos PUMAS los traigo en la sangre chingado.
    Saludos Elías

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