Un ratito con Atlantis

Atlantis vs Ultimo Guerrero

El bien contra el mal

Llegamos al lugar de la cita, la Arena México. Nos recibe Tony Salazar, gladiador de la vieja guardia al que algunos también podrían identificar como Ulises. “Aguántenme tantito, ahorita viene Atlantis”, nos dice. ¿Atlantis? Habíamos pactado el encuentro con un luchador, pero jamás nos imaginamos frente a frente con el ídolo de los niños, la leyenda viviente.

Después de 10 minutos, Atlantis se postra frente a nosotros. Antes del saludo protocolario, antes que cualquier otra cosa, presume la playera que trae puesta: “¡Me la regaló Benjamín Galindo! Que se sepa que soy chiva“. Está contento, el tono de su voz lo delata. Tal parece que la ha agradado la idea de hablar sobre fútbol, un deporte que le apasiona.

Entre tantos temas hace hincapié en uno que ha perdido peso en los últimos años, la rivalidad entre Chivas y Águilas. Nieto e hijo de aficionados al Guadalajara, Atlantis heredó la defensa por un escudo que metafóricamente lo lleva al plano de un ring, la lucha entre el bien y el mal. Respetuoso de encapsular el clásico de clásicos estrictamente en el ámbito deportivo, no soporta las derrotas frente al odiado enemigo.

Se enoja, le duele. Perder a manos del amarillo y azul es algo que calienta, algo que no debe tomarse a la ligera. Como tampoco se toma a la ligera perder una lucha. Además de su máscara, Atlantis concibe como elemento sagrado del deporte popular al público.

-Ellos me quieren ver ganar, yo también quiero ver ganar a mis Chivas.

América es el villano, un maléfico contrario que se jacta de contratar futbolistas extranjeros, afrenta para el ídolo de los niños, quien se siente orgulloso de que Chivas cuente con puros elementos mexicanos en sus filas; Guadalajara es el bueno.

-A ver, ¿algún día Atlantis será americanista?

-¡No! ¡Para nada! ¡Jamás!

-Digo, si cambiaste del bando técnico al bando rudo, ahora otra vez técnico, podría pasar.

-No, no, no. Recapacité y volví a mi esquina, a la de los buenos.

Tan convencido está de que retornó al sitio de los buenos que vuelve a presumir su playera. “Me la dio Benjamín Galindo y siempre seré chiva“, esgrime con demasiada seguridad. Acto seguido besa su escudo, asegurándonos así que la camiseta no se cambia. Pudo haberse equivocado cambiando de bando luchístico, sin embargo nunca lo haría con sus colores futboleros. “El que no le va a Chivas no come”, pronuncia para enmarcar el sustento de su apatía deportiva hacia las Águilas.

2 comentarios

  1. Maxchiva miércoles 20, marzo 2013 at 23:11

    Recuerdo que la primera máscara de luchador que tuve fue del gran Atlantis… en una época en que Octagón era la máxima referencia luchística… ¡Grande Atlantis!

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