Y todo por Cantona

Eric Cantona

Todo surgió por él

Se metieron con Cantona

No hay opción a más, tiene que elegir entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Llevan 15 minutos discutiendo sobre quién es mejor, por lo que su respuesta es fundamental en la votación. Sin embargo se niega a nombrar a alguno de los dos y responde que Eric Cantona es su favorito. Todos se quedan callados, ignorando por completo de lo que habla.

Tercos unos en que decida entre el argentino y el portugués, aferrado el otro en defender su postura sobre el francés, se enfrascan en un duelo de gritos que termina en uno que otro golpe. Antes de que culmine el recreo, los dos que soltaron puñetazos ya están en la dirección.

-Es que se puso a insultarme y me defendí.

-No lo insulté. Sí le pegué y lo hice porque él me pegó, porque a fuerza quería que le dijera que Messi y Cristiano son mejores que Cantona.

La directora decide suspenderlos por dos días, no sin antes citar a los padres de cada chico para abordar el tema. Detrás de todo el acto protocolario que corresponde a la ley y el orden escolar, un detalle inquieta a una de las madres. “¿Cantona?, ¿quién es? He escuchado sobre los otros dos pero no sobre él”, le expresa a su hijo.

Ya en casa, el chico la pone al día contándole que fue el futbolista que se hizo famoso por darle una patada a un aficionado, que festejaba sintiéndose un emperador con el cuello de su playera levantado, que fue el gran galo que conquistó canchas británicas pisando con firmeza el césped, haciendo temblar estadios con su simple presencia.

-¿Cómo sabes eso?

-Es lo que me cuentan mis tíos y es lo que viene en las revistas.

-¿Cuáles revistas?

El chico le muestra una enorme cantidad de ejemplares de la revista Don Balón. También le enseña álbumes Panini, tarjetas coleccionables Upper Deck y algunos suplementos deportivos de diarios como Esto.

-¿De dónde sacaste todo eso?

-Me lo regalaron mis tíos.

-¿Te lo regalaron?

El tesoro

Así como el fútbol se juega y se ve, también se escucha y se lee. Si bien dijo la verdad sobre las revistas, mi sobrino no la dice por completo. No todas son regaladas, algunas nos las ha robado. Nos damos cuenta de su travesura pero fingimos que no pasa nada para que continúe en su deseo de aprender. En su recámara esconde su nuevo tesoro, el tesoro que fue nuestro.

A diferencia de lo que muchos de nosotros vivimos, el chico, como millones de chicos, tiene la facilidad para gozar y disfrutar del futbol con un sinfín de herramientas, tales como Internet, sistema de televisión por cable, información al minuto. Pese a ello, y sin saberlo, se remonta a la época cavernaria de sus tíos.

Disfruta el condenado cuando nos escucha hablar de partidos imborrables o de jugadores hoy ya retirados. No pregunta, no interrumpe, se deja llevar por sus oídos. Le fascina vernos apasionados, exagerando o inventando sucesos, acercándolo a un trajín que no es de su época.

Lo mismo nos ocurrió a varios con nuestros padres y abuelos. Dábamos permiso a su voz, a su paso futbolero por la vida para fantasear e imaginar sobre lo que fuera verdad o no. Que si Pelé esto, que si Cruyff aquello, que si Garrincha lo otro. “Muy probablemente esté diciendo disparates pero la emoción es genuina”, decía mi viejo.

Tal emoción tuvimos que expandirla de la charla a la labor de campo. Hoy la Champions League, por ejemplo, es un suceso accesible. Hace algunos ayeres teníamos que esperar a la revista Don Balón para saber qué acontecía en el futbol europeo, para saber dónde se desenvolvían Maradona, Baresi, Hugo, Futre, Platini, Van Basten, Papin. Ubicábamos sus nombres, no así a ciencia cierta su peregrinar estelar. Lo mismo aplicaba con álbumes y estampitas, solamente así conocíamos equipos, nombres, palmarés. Se hurgaba en lo que había.

Cuando mejor nos iba, dependiendo de la jodidez compañera, el vendedor de películas pirata del mercado conseguía videos con partidos del Napoli, Milan, Juventus, Real Madrid, Barcelona, Aston Villa, Liverpool, incluso hasta de Vélez Sarsfield. No se diga material con encuentros mundialistas o de Copa Intercontinental.

Ahorrábamos dinero o le hacíamos la chillona a la abuela para comprar el acervo. Leíamos y releíamos el mismo ejemplar hasta arrugar las hojas. Veíamos una y otra vez los videos hasta que los cassettes no daban para más.

Eran tiempos carentes de la obligación actual por elegir a un solo jugador; el panorama no se reducía a uno o dos equipos. Frente a la aventura del hallazgo, de descubrir una amplia gama de mundos desconocidos resultaba imposible adoptar una sola causa. En todo caso, la única causa viable en el sentido de pertenencia era el fútbol mismo. ¿Y los ídolos? Por supuesto que lo, o los, elegías. Lo enaltecías por encima de todos, sin demeritar el aporte de los otros.

Aquellas viejas revistas, aquel compendio futbolero, estrenan dueño. Lástima que ya no le tocaron los cassettes, se esfumaron siendo Beta y VHS.

Castigado por Cantona

Establecida la suspensión, después de pedirle perdón al devoto de Messi o Cristiano, el chico fue castigado por su madre. Como sanción lo puso a trabajar con uno de sus tíos, en ayudarle en recoger el tiradero de la bodega.

-¿Y qué hago?

-Ayúdame a buscar unas revistas. Hay unas que me urgen y no las encuentro. Estoy seguro que aquí las dejé.

-Tío, tengo que confesarte algo…

2 comentarios

  1. Maxchiva jueves 9, mayo 2013 at 23:31

    Que buena historia, me acuerdo que la primera vez que vi una revista de fútbol… fue un ejemplar de “Don Balón” que un señor dejó “olvidada” en un autobús, a mi temprana edad me quedé sorprendido de que hubiera una publicación así y con unas fotos increíbles de cosas que sucedían en los partidos y fuera de ellos… y Cantoná… bueno, es un irreverente al que nunca vi jugar, pero los videos que he visto siempre me arrancan una buena sonrisa… idolazo… ¡Saludos!

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