Se fue contento

America campeon

Su última alegría futbolera

Hace ocho años nos dejamos de ver. Era mi mejor amigo, mi camarada en un sinfín de caminos recorridos. Solíamos ignorar al mundo y nos devorábamos la vida; a veces juntos, a veces por separado. Fueran todos los días o durante un breve tic tac de nuestro respectivo reloj, íbamos al café de siempre para charlar de fútbol, una pasión que nos unía todavía más, una mezcla de locuras que nos acompañó desde que nos conocimos hasta que nos separamos.

A menudo solía repetir que cuando le llegara la hora de la muerte quería irse contento, feliz. “Eso de las tristezas no me gusta nada”, decía. Valoré sus palabras hasta que vimos cerca su adiós. Su salud empeoró, ingresó al hospital para no salir. Durante su estancia entró en estado de coma, una circunstancia que puso a prueba la promesa que le hice. ¿Cómo hacer que un tipo en coma se vaya radiante?

Los médicos informaron a la familia que era cuestión de horas para su deceso. A la par América se jugaría el título de liga frente a Tecos. Allí estaba la respuesta. Sabiendo que a él le habría encantado estar presente en el Estadio Azteca para apoyar a sus Águilas, fui en su lugar.

Al escuchar el silbatazo final rompí en llanto, en unas lágrimas amargas por su futura ausencia y en unas lágrimas alegres porque su equipo se coronó. Regresé de inmediato al hospital para darle la noticia, para colocar junto a él una playera con los colores de su corazón. Sentándome a un lado de su cuerpo inerte, gélido, comencé a platicar lo que vi, lo que sentí. No había café de por medio, sin embargo contemplo aquella escena como nuestra última gran charla futbolera.

Pasadas dos horas, una enfermera interrumpió el acto para cumplir con su rutina y para avisar que se había terminado el horario especial de visitas que hizo favor de obsequiarme. Me despedí tranquilo de haber cumplido con la promesa, con la firme creencia de que imaginaría y reviviría los pasajes descritos de aquel partido. Con la ilusión de que dormiría contento.

A la mañana siguiente, falleció. Tras colgar el teléfono que me dio aviso de su partida, encendí el radio y de las bocinas se desprendió el himno americanista; sin saberlo sintonicé las noticias deportivas. Supe entonces que se había ido feliz.

*A mi amigo, mi viejo. Tal cual como nos dijimos adiós.

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