Una simple charla bastó

Una simple charla

Una invitación al café…

No le gusta el fútbol como aficionado, sin embargo lo disfruta jugándolo. Así se lo hace saber a su acompañante, una joven dama cuya belleza provoca nervios al mesero que les atiende; tartamudea al preguntarle si gusta azúcar para su café. Ella responde con una afirmación gestual. “Lo tienes embobado. Desde que llegaste no te quita la mirada”. Sonríe con la coquetería de una mujer que se valora a sí misma como guapa.

-¿Por qué no te gusta verlo?

-Se me hace una pérdida de tiempo estar viendo a puros monigotes correteando una pelota, estar dos horas atado de manos sin sentir lo que realmente me gusta sentir.

-¿Entonces por qué lo juegas?

-Ah, es distinto. Digo, en su calidad de deporte me resulta fascinante. Además de que suelto el estrés y relajo el cuerpo, me sirve como mecanismo de distracción para los problemas de fuera, es una disciplina donde puedo compaginar incluso con personas que ni conozco para lograr un propósito común, ganar. A veces no ganamos, pero todos nos olvidamos de nuestras broncas y en la cancha nos unimos para intentarlo. Y también sirve para pasarla bien.

-Eres un tipo raro.

-Ja, sí, muchos me lo dicen. Juego desde que era niño y la verdad nunca me ha nacido esa pasión de aficionado. Viendo el fútbol desde afuera me resulta desagradable, como que no capto lo que me toca vivir adentro.

-¿No será que eres un aficionado frustrado?

-En todo caso soy un futbolista frustrado.

Comienza a hablarle de lo bien que se siente cuando da un buen pase o cuando le pega con delicadeza al balón en el cobro de un tiro libre. Le describe el enojo que padece cuando uno de sus compañeros comete una falta innecesaria o equivoca un toque. También le precisa los detalles que le agradan: una atajada de su arquero, una barrida salvadora de su defensa, un cabezazo que culmina en las redes. Ni cuenta se ha dado: habla como todo un apasionado.

-No entiendo bien a bien todo lo que me has dicho, pero me gusta que seas muy clavado, la forma en que me lo cuentas.

-A veces no sé explicar las cosas, hasta yo mismo no me entiendo. ¿No te aburro?

-Para nada.

-Bueno, cambiemos de tema. Te invité porque quiero hablarte de otra cosa.

-Primero deja voy al baño.

Se levanta para ir al sanitario. En el pequeño trayecto va pensando, intuye lo que habrá de escuchar al regreso. De hecho lo intuía desde que aceptó la invitación. Decidió acudir a la cita por cortesía, y de paso para dejarle en claro que no habría nada más entre ellos. El fútbol, una simple charla de fútbol, le ha cambiado la perspectiva. Al menos la hace dudar.

Mientras el mesero sueña por un instante imaginándose a su lado, mientras que el otro espera el comienzo tan anhelado, ella trata de ubicar en su mente lo que le atrajo. Sí, le gustó descubrir a un apasionado, no obstante hay algo más. Ya ni al baño entra, está ocupado.

-¿Qué me ibas a decir?

-Mira…

La cautivó un hombre que gusta de sentir lo que realmente quiere sentir prefiriendo apasionarse con lo interno que por lo externo, un tipo que a través de su pasión por jugar demuestra, según ella, cualidades tales como unir para intentarlo y pasarla bien.

*Se tiene certeza de todo lo anterior debido a que quien escribe fue testigo, por no decir metiche, de lo ocurrido. Ellos terminaron dándose un beso, el mesero con el corazón roto y un servidor con la libreta llena de jeroglíficos.

4 comentarios

  1. Mikygar miércoles 3, julio 2013 at 8:57

    Como siempre Elías, un gusto leerte.

  2. Maxchiva miércoles 17, julio 2013 at 21:32

    Creo que a todos en este mundo el futbol nos provoca un cierto grado de pasión en diferentes aspectos, unos se apasionan por algún equipo, otros simplemente por jugarlo, otros por ambas cosas y otros una especie de apasionada indiferencia (valga la redundancia) hacia este juego que es la distracción de las masas en el mundo. Muy buena anécdota. ¡Saludos!

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