Benítez, un ‘Águila’ que alzó el vuelo

La última etapa de Christian Benítez en el fútbol mexicano se vincula directamente con América. Con un glorioso pasado santista arribó al equipo de Coapa para sumergirse en los contrastes que suelen perseguir a los jugadores que están hechos para trascender. Vivió los dos polos que caracterizan a los ídolos: amor y desprecio.

Con sus goles, Chucho se ganó a un gran sector de la afición americanista, mayor aún con los títulos individuales en materia de perforar redes. No obstante, otro sector sufrió con sus constantes fallas frente al arco, con su mala fortuna para ejecutar penales y la terquedad de no soltar el balón a compañeros mejor ubicados. Sin embargo, y con esa mentalidad que poseía, el ecuatoriano siempre supo resistir y reponerse de inmediato. Por otra parte, los halagos y admiraciones que recibía no le engendraron soberbia de divo, por el contrario, se mantuvo con los pies sobre la tierra.

Así como fue campeón con Santos, Benítez quería serlo con las Águilas. Se enfocó en dicho objetivo al amparo de reunir simpatías y críticas como motivación para lograrlo. Dicen que la camiseta del América pesa, pero él se encargó de aligerar el mito dignificándola con su aporte en la cancha. ¿Anotaba? Sí, bastante. ¿Fallaba? Sí, bastante. Para equilibrar dicha balanza, Chucho hacía de pelotas aparentemente intrascendentes una acción de peligro; siempre fue un dolor de cabeza para los defensas contrarios.

Fue hasta que culminó la final contra Cruz Azul cuando por fin pudo levantar el trofeo que tanto ansiaba con América, cuando la afición se unificó en un mismo criterio: reconocer a Benítez. Quienes le querían y confiaron en él desde un principio reafirmaron sus sentimientos hacia el jugador, quienes le reprochaban descubrieron y aceptaron que el tipo había inscrito su nombre con letras de oro en la historia americanista.

Se fue de México para probar suerte en el balompié asiático, se fue siendo campeón, con sus propósitos cumplidos. Tristemente, así es la vida, la muerte se apareció en su nueva aventura. Deja huérfanos de cuerpo no solamente a sus familiares sino también a millones de americanistas. Ante la orfandad futbolera, Benítez se preserva en la memoria, en el recuerdo de todos aquellos que se deleitaron y sufrieron con y por él, de todos aquellos que sintieron la pasión (ira, festejos, llanto, porras, alegrías) derivada por un hombre llamado Christian Benítez.

Benítez, un Águila que no muere, un Águila que alzó el vuelo.

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