Y sin embargo, permanece

*Festejando el quinto aniversario de ELBUENFÚTBOL*

ELBUENFÚTBOL*

Hace unos días conocí una comunidad en Guatemala situada entre pendientes. El relieve, inestable, está cubierto por casas y terrenos que fueron adquiridos legalmente por sus habitantes. Las empresas o gobiernos anteriores vendieron y certificaron esos espacios donde nacieron familias y donde se gestó la comunidad.

Cinco plataformas, una encima de otra, ven caer entre sus calles y senderos el agua de lluvia y los desagües de las viviendas. Todo se mezcla, y lo que no se desborda entre las casas, termina en el río del final del barranco. El caos convive con la naturaleza, espacio boscoso, calor húmedo. Belleza de panorama.

Y por si las condiciones no bastaran con hacer la vida imposible -o de manera recíproca, tal vez- las familias indefensas conviven con jóvenes pertenecientes a la Mara 18, grupo del crimen organizado conocido a nivel mundial por su atrocidad.

En el intermedio de una sección y otra, en el terreno pedregoso y de difícil acceso volteo la mirada y me vuelve el alma al cuerpo, me regresa la certeza de la vida y esperanza: afuera de casa, entre colchones y chatarra oxidada está sentado un niño que abraza su balón. Se aferra. Vista perdida, serena, deja transcurrir el tiempo y, con los pies al aire, impulsándolos, permanece.

De vuelta a la ciudad, postrado en la computadora reviso la fotografía. Ahí está, con los zapatitos despegados del suelo, con su ropita insuficiente, con su balón apretado y sus ojitos seguros. Con la ilusión y sus sueños ahí, en el momento preciso.

Así es el fútbol, creo. El verdadero. Que permanece, que es atacado, devastado, despilfarrado, aprovechado, utilizado. Que sigue y no se detiene y se transforma y no se pierde. Que evoluciona.

Es tan abstracto…

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *