Una joya de cantera, un utilero y siete jugadores pervertidos

Te rapo, te toco, te pateo y te abuso. Te debuto.

Al chavo lo llamó el DT del primer equipo para entrenar con los grandes. Para que su camino normal en el fútbol lo siguiera guiando hacia un no tan lejano debut en Primera. Al chavo lo recomendó el encargado de la Sub-15, que recién había levantado el trofeo del campeonato nacional de la categoría. Al chavo le vieron cualidades los de arriba porque se echó al equipo en hombros, se hizo grande a sus 14 añitos, desvió la atención de todos y le llegó su hora más temprano de lo que hubiese pensado.

Mario, como todos los jóvenes que sueñan con algún día llegar a jugar fútbol profesional junto a sus ídolos, sabe que le tocará la novatada. Que lo raparán como hicieron con sus amigos de la promoción anterior. Él, siendo el primero de su generación, apenas cumplidos sus 15 años se le está adelantando el mundo y el debut parece ya una realidad.

El Director Técnico del equipo mayor lo llamó personalmente aunque el entrenador de su división Sub-15 ya le había dicho que iría a la práctica con los profesionales. Así que Mario empacó todo la noche anterior, cenó con su mamá como siempre, se despertó temprano esta vez sin problemas, desayunó solo y fue de los primeros en llegar al estadio, donde entrenaría el primer equipo. Le dijeron arribara 30 minutos antes…

Entrenamiento de viernes. Físico y táctico. De diez vueltas a la pista de tartán, de saltos con los balones llenos de arena, de abdominales y cabeceos, de jogging, laterales y corridas largas y cortas. De preparación de córners, de marcajes y lances instruidos por el auxiliar, de jugadas de pizarrón.

Llega el fin y antes de la charla, el Profe instruye a Mario a que se coloque al final de la fila del plantel que ya forma dos hileras. «¿Cuántos goles hiciste en la final de la Sub-15?», pregunta el entrenador. «Tres», responde Mario. «Pues vas a pasar tres veces por este tunelito, cabrón». Y corre, y todos lo van golpeando, primero a manotazos, luego a puños y al final a puntapiés.

«¡Felicidades! ¡Bienvenido m’ijo!», le dice el entrenador mientras le sacude el cabello.

Piensa entonces Mario que se acabó. Que ya está adentro, que esos moretones serán lo más trágico del día y que volverá a las siete a casa para cenar con la familia. Piensa que ya no lo raparán, que ya fue suficiente, que El Capi se pasó de lanza con ese pellizcón en el tiro de esquina, que qué raro que no lo rapen.

***

Cuando entré a los vestidores me encuentro a todos los jugadores de la mayor… se acercan Sergio Morales, Israel Silva y Kevin Arriola con una máquina y tijeras, luego Israel Silva me tomó del cuello, en ese momento Sergio Morales me agredió, lo empujé, él se enojó y me agarró los genitales; yo les gritaba que me soltaran, pero los demás jugadores se unieron y me tomaron de los pies y manos. Se acerca Kevin Arriola con la máquina y me empieza a cortar el pelo… no aguantaba el dolor del apretón de testículos; estuvo cinco minutos agarrándomelos. Yo estaba agachado y un jugador, no sé si era Juliano Rangel o el portero hondureño que acaba de venir, me pone su pene en la cara y yo sin poder hacer nada, porque Sergio Morales tenía las tijeras arriba de mi…

Mario Humerto Rodas Ramírez tuvo que ir a dar al Hospital Nacional de Occidente de Guatemala el 20 de diciembre de 2013 cuando su mamá vio que no podía caminar bien. Que estaba golpeado y rapado. Al día siguiente doña Elsie denunció ante el Ministerio Público de Quetzaltenango a siete futbolistas (dos brasileños, tres guatemaltecos, un costarricense y un hondureño) y a un utilero (de 45 años en el club) por agresiones físicas y sexuales a un menor de edad.

«Déjeme que yo vea o que me comuniquen algo para yo poder hablar; usted sabe que aquí hay una tradición y a todos se les corta el pelo, como en todo el mundo»: Sergio Morales, volante tico.

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*Relato basado en hechos reales.
**Declaraciones y situación médica de la víctima extraído de diarios guatemaltecos.

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