Un culto llamado St. Pauli

Allá van los once Piratas entrando a la cancha acompañados de las campanadas del famoso éxito Hells Bells interpretado por la banda de rock AC/DC… El ritual se repite entonces cada que los locales se presentan ante su peculiar afición. El estadio Millerntor recibe siempre así a los Rebeldes del Norte, un club de culto seguido por millones en todo el mundo.

Pintoresco, digno y orgulloso, así definen a este club alemán, uno de los que más seguidores tienen en ese país y de los que más fans contabiliza en todo el planeta. No, no es el Bayern München, por más inverosímil que esto pueda parecer, tampoco es el Dortmund, aunque cualquiera de estos gigantes tienen argumentos de sobra para comandar ese rubro, ni dudarlo.

En uno de los distritos más famosos y populares de Hamburgo emerge cual gigante filosófico, respaldado además por una pasión sustentada en pensamiento que antepone su naturaleza sobre lo establecido. Acá no hay lugar a insinuaciones fascistas, tampoco a movimientos homofóbicos, mucho menos al pensamiento estereotipado. Su fama de equipo rudo la debe entonces, en gran parte, a la esencia del lugar de origen, a la calidez y a la nula inhibición de su gente, de su gran afición.

El FC St. Pauli es retrato de un barrio bravo creado en el siglo XVII para darle posada y alimento a los marineros que llegaban a la ciudad después de intensas jornadas en alta mar. Con el tiempo, se convirtió en el lugar favorito de todos aquellos que entraban y salían del muelle en busca de fiesta, alcohol, mujeres y libertad, algo que no era fácil de encontrar en la gran ciudad, donde las reglas y conductas preestablecidas eran prioritarias para una sociedad educada y forjada con el peso de la historia a cuestas.

Un culto llamado St. Pauli

Fundado oficialmente en 1910 aunque con actividad desde 1899, el St. Pauli se convirtió con el paso de los años en el orgullo de los lugareños y de otros miles de aficionados caracterizados por sus ideas antisistema. Así, a la par que la gran ciudad crecía, el distrito de Sankt Pauli forjaba un perfil peculiar, único, y es que como imán, atraía a cientos de visitantes que gustaban del estilo de vida y diversión que ese pequeño rincón de Hamburgo les ofrecía.

Sin embargo, fue hasta principios de los años ochenta que el St. Pauli consolidó su existencia como club de culto. Para esas fechas, su sede y lugar de entrenamiento fueron ubicados muy cerca del muelle de Sankt Pauli, una zona roja que ofrecía como máxima atracción a sus visitantes la famosa calle Reeperbahn, que es simplemente el centro de la vida nocturna de la ciudad y del barrio chino.

En ella se encuentra de todo: restaurantes, clubes nocturnos, discotecas y bares. También hay clubes de striptease, sex shops, burdeles y un museo del sexo.

La cercanía del club con esta peculiar zona a final de cuentas resultó todo un éxito para el equipo, pues si ya contaba con la simpatía del movimiento punk, ganó la admiración de portuarios, prostitutas, personas sin hogar, vagos, rebeldes y radicales, que de a poco, fueron adoptando los colores del equipo como bandera de representación ante el mundo.

El St. Pauli se convirtió en el primer equipo en Alemania en prohibir oficialmente los símbolos fascistas y las actividades nacionalistas, en una época en que el fascismo inspiraba vandalismo en el fútbol.

Así, de contar con 1600 seguidores en promedio por partido en 1981, para principios de los noventas lo veían cerca de 23.000 aficionados en el Millerntor-Stadion, inmueble que presume al mundo el no contar con tablero electrónico.

La calavera como símbolo del club

No es su escudo oficial, pero como si lo fuera, y es que en Sankt Pauli cada establecimiento comercial o incluso en infinidad de casas cercanas a la sede del equipo, la bandera de la calavera con los huesos cruzados aparece como símbolo de identidad. Sí, los Piratas del Norte, como se le conoce al equipo, son la representación misma de la lucha de clases. «Como piratas peleando por los pobres contra los ricos. Ahora es un símbolo oficial del club», aseguran los hinchas cuando les preguntan por la bandera hondeando en sus hogares.

Su vida por la Bundesliga

El St. Pauli comenzó un periodo de ascensos y descensos en los que jugaron una docena de temporadas en la Bundesliga. Volvieron a ella en 1988 para permanecer varios años, seguidas de otras dos temporadas en segunda en 1995.

Lo siguen millones dentro y fuera de Alemania

Hace algún tiempo, un estudio reveló que en Alemania hay más de 11 millones de simpatizantes del St. Pauli. El equipo de Hamburgo también disfruta de una nutrida fanaticada en el extranjero, como por ejemplo en Francia y en Escocia, donde mantiene fuertes lazos de amistad con los seguidores del Celtic de Glasgow.

Asimismo, Los Piratas cuentan con un gran número de seguidoras, motivadas por el rechazo al sexismo manifestado por el club. Como ejemplo de esto, en 2002 fue retirada de su estadio la publicidad de la revista para hombres Maxim por considerarla denigrante para las mujeres.

Por esto y por mucho más, el FC St. Pauli no puede ser considerado tan sólo un club de fútbol en el mundo; su historia y lo que representa para millones de aficionados lo convierten así, sin más, en un estilo de vida.

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2 comentarios

  1. Maxchiva miércoles 12, febrero 2014 at 13:28

    Más allá de que se le considere un club de culto, es toda una filosofía futbolera de vida, un club ejemplar sin duda alguna. Buenísimo el reportaje y cómo se adecuó la página con video y todo. ¡Fabuloso!

  2. Sergio Sánchez miércoles 12, febrero 2014 at 17:56

    Así es Maxchiva y su afición, sin duda, merece un apartado especial, son fieles a más no poder. Al St Pauli le queda muy bien aquello de que más que un equipo es un estilo de vida. Saludos!!!

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