Primera carta del ‘Gringo’

“-¡Al empate!- ordenó Seller y su vozarrón ahogó el rugido intermitente de las tribunas y el terruñal clamor subterráneo que sacudía ahora a las redes como castigadas por cientos de goles invisibles.”

Área 18 – Roberto Fontanarrosa.

Carta del Gringo a Lorenzo

Don Lorenzo, le escribo esta carta a tres meses de haber aterrizado a Liberec. Ante todo, gracias por la oportunidad que me ha regalado. Todavía no lo puedo creer. Así como tampoco logro entender un carajo lo que dicen acá. Es todo muy distinto a mi pago. Pero yo solo pienso en jugar a la pelota. Somos once y enfrentamos a once, fue lo que usted me dijo. Simple.

Aunque, gracias al cielo, me hice amigo de dos defensores que hablan español. Uno polaco, y el otro sirio. No lo va a poder creer, Lorenzo. El sirio dice que conoció a Best Seller. Sí, ese que usted me habló que jugó para el Mapache Aullador. Le debo confesar que yo creí que era una fábula. Pero no, parece que no. Este sirio, que habla español porque jugó en el Oviedo de España hace unos años, habla maravillas de Seller. El sirio se llama Naamán, aunque nunca le entendí el apellido, juega de dos. Ojo, no se vaya a creer que es bruto, no. Si usted viera como sale jugando. Eso sí, ya perdimos dos partidos culpa del sirio por querer salir jugando. Me parece que lo van a mandar al banco. Ojo ni se imagina cómo cabecea. Es valeroso en extremo. Y no exagero. En la primera fecha ganamos 1-0 con un gol del sirio de cabeza sobre la hora. Unos hinchas al retorno del entrenamiento le regalaron una bandera; y en gratitud, él, obsequió una camiseta a cada uno de los que habían hecho la bandera. Un capo el sirio Naamán. Me ayuda un poco con el idioma, porque como ya le dije antes no entiendo nada. Es muy difícil. El otro que me ayuda es el polaco Tarloswka. Un grandote rubio, tosco. Dice que su abuela, que fue periodista, le enseñó algo de español. Él es puro elogios a su abuela, cuenta algo de que ella fue jefa de un tal Kapuscinski. No sé, lo cierto que el polaco es un bonachón de aquellos. Para mí debería ser el capitán del equipo.

Mi querido Lorenzo no sabe cuánto extraño mi Rio de los Sauces. Pero con esta platita que estoy haciendo voy a poder ayudar a mi viejo. Ojo, capaz que me lo traigo a República Checa. ¿Se lo imagina al viejo acá?

Me dijeron que el que estaba enojado con usted es el padre del Fabricio, el 8 que jugaba en La Cruz. No comprendo el porqué, eso me dijo en una carta mi hermano Félix.

Todavía no he conocido mucho de Liberec. Hay paisajes muy buenos, muy lindos, pero creo que ninguno se compara con Río de los Sauces. Ah, no sé si sabía que la camiseta es azul. Muy bonita. No se imagina el tornillo que hace acá. Ando todo el día abrigado. Por ahora entreno bastante. El domingo pasado debuté. Fue muy raro. Se lo quiero contar.

A mí nunca me gustaron las cábalas. Me parecieron siempre una idiotez. Pero un día en un partido en el pueblo me olvidé los calzoncillos y ganamos. Entonces, a partir de entonces comencé a jugar todos los partidos sin calzoncillos. Y sí, se está riendo, usted considera que soy un tarado, y tiene razón; pero tan mal no me fue con ese especie de cábala. Bueno, quise seguir con esta “tradición” acá con este frío. Entré a los 30 minutos del primer tiempo por la lesión de un compañero. Me mandaron de volante por izquierda, pero sin proyección. Sí, Lorenzo, leyó bien, no escribí mal. De volante sin proyección. Tenía que “cuidar” a nuestro tres, que también tenía prohibido proyectarse. Así juega este técnico. Bueno, en esos primeros quince minutos me helaron los testículos. Los tenía congelados, y me dolían. Encima, sólo tenía que pensar en marcar. Y no, no pude, el 8 de ellos se hizo un fiestón conmigo, y hasta convirtió un golazo, luego de tirarme un caño fenomenal. Me desbordaba todo el tiempo. La cábala no estaba funcionando.

El polaco me gritaba que me despertara. ¿Que me despertara? ¡Estaba muy despierto, pero con las bolas heladas!

Cuando terminó el primer tiempo fue un alivio llegar al vestuario. Rápidamente me puse calzoncillos y me frotaba sin parar, mientras el técnico me decía de todo en su idioma, y el sirio trataba de traducirme. No los entendía, a ninguno de los dos.

El polaco me dijo que jugué bien el segundo tiempo, más allá que me expulsaron por pegarle al ocho de camiseta amarilla. Me echaron sobre el final, pero antes hice un desborde y asistí al 9 nuestro que empató el partido. Empatamos 1 a 1. El sirio me contó que en la radio dijeron que mi debut fue extraño. No sé, espero que me vuelvan a poner. Y sí, Lorenzo, ya me quedó claro, no vuelvo a usar esa cábala, al menos en invierno.

Espero que usted esté bien. Hágale llegar mis saludos a su bella esposa Anna. Ah, me olvidaba, el ayudante de campo del técnico hace unos días hablando con el sirio, nombró a su viejo amigo, el Mister Peregrino Fernández. Contó que hace como una bocha de años estuvo en la tribuna en uno de los partidos del viejo Red Star de Paris. Dijo que eran un espectáculo, pero que ese día perdieron 7-5. Bah, en realidad dice que siempre perdían. Bueno, me acordé de usted y por eso le quería escribir. Extraño mi pueblo, pero no se haga drama, no lo voy a hacer quedar mal, y si hago un gol en el Slovan, se lo dedico.

Con afecto, y el agradecimiento de siempre, El Gringo Flores.

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