¿De dónde salió?

Le ayudo cargando las bolsas repletas de ropa vieja y objetos que solamente servían de estorbo en casa. Que se rompe una, y todos los tiliches se riegan sobre el suelo. Entre tantos trapos rotos, mezclados con artículos inservibles (como un bote de chiles lleno de hilos enredados), destaca una bandera del Atlético Celaya.

-¿De dónde sacaste la bandera?

-Estaba en tu ropero, toda doblada. Llevaba más de 15 años ahí.

¿Más de 15 años? ¿en mi ropero? Me consume la duda, no confío en la versión de mi madre, quien suele confundir recuerdos cuando escombra su hogar. Acudo con mi hermana para preguntarle. “No sé si sea tuya pero llevaba años en tu ropero. Era desde que estaba Butragueño en el equipo”, me responde. ¡Butragueño! Ello me remonta a la temporada 1995-96, época en que El Buitre cimbró al fútbol mexicano, si no es que mundial, por fichar con Atlético Celaya.

Peor se pone el asunto. ¿Cómo carajos apareció esa bandera en mi ropero? No me enoja el pedazo de tela, sino la incertidumbre. Comienzo a indagar en mi afición y pasión futboleras, en mis memorias, en mi adolescencia. Exprimo hasta donde se pueda para ubicar qué hice en aquellos años como para tener ese símbolo de los Toros entre mis pertenencias.

1.- Jamás simpaticé con Atlético Celaya. Siempre he sido de una sola camiseta, y muchos de ustedes ya saben cuál es. Por tal motivo tampoco habría comprado la bandera de un equipo que no es el mío.

2.- En la familia no hay miembro alguno que sea, o haya sido, aficionado al Celaya. Amigos y conocidos, tampoco.

3.- Mi novia en esos ayeres era puma y ni de chiste me la habría obsequiado.

4.- Crecí viendo a Emilio Butragueño, un caballero de la cancha. Pero no generé una idolatría hacia él, como tampoco me causaba empatía Real Madrid. Así se tratara de una figura como El Buitre en nuestra liga, no era como para rendirle devoción aunque fuera momentánea, y menos adquiriendo una bandera. Digo, en el mejor de los casos compras una playera con su nombre y número.

5.- Conocí gente de Celaya. Tal suceso ocurrió hasta el año 2002. Por ende, no cuadran las fechas. Además, me regalaron cajeta.

6.- No recuerdo a alguien que haya llegado a casa con una bandera del Celaya.

7.- ¿Alguna borrachera? Era muy inocente para querer entrarle al trago en esos tiempos. Eso vendría añitos después.

Recojo todo el tiradero que reposa en el asfalto, menos la bandera. En un intento desesperado por saber su origen, recurro nuevamente a las versiones de mi madre y mi hermana. Confirman y aseguran que el pedazo de tela llevaba más de 15 años en mi ropero. Toda doblada.

Aquí la tengo, entre mis manos, cuestionándome cómo llegó a mí. Podría inventar una y mil historias sobre ella, pero prefiero mantenerme con la inquietud, con la zozobra de que algún día aparecerá el verdadero dueño. Con la ligera esperanza de escuchar una historia que me involucra y sigo sin saber qué papel juego. Hasta ahora, soy propietario de una bandera que no me pertenece.

4 comentarios

  1. Maxchiva martes 18, febrero 2014 at 15:46

    Un relato muy bueno, me dejó cierta duda de si no tendré algo por ahí que no recuerde haber obtenido… Saludos.

  2. Edgar L. jueves 6, marzo 2014 at 10:30

    Estimado Elías. Ando siguiéndote por acá. El futbol me ha regalado de pronto souvernirs y de diferentes equipos. Y si a veces no recuerdo porqué tengo una playera del Colibríes. Del Celaya si llegué a comprar una. Pero como dices a veces es mejor no acordarse para que la imaginación le de vuelo a la hilacha. Excelente relato.

    Saludos.

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