Dudábamos un poco…

Se decía, y con razón, que Alemania, el campeón del mundo, era mucho mejor que Bolivia en todos los renglones. Pintaba para goleada la inauguración de Estados Unidos 1994.

Las imágenes de aquel primer partido del Mundial comenzaron a sucederse: Chicago, la ceremonia, Diana Ross, el sol, el Soldier Field, Matthäus, el bigote de Azkargorta, Brizio, Diablo Etcheverry en la banca, el sol más fuerte, una atajada de Illgner, otra de Trucco, una cabecera más cercana a la portería que la opuesta, el sol todavía más fuerte… Y seguíamos con aquello, y era cierto, los alemanes eran muy superiores, tanto física como técnicamente, a los bolivianos.

Entonces al 61’, cuando el sol tenía a los campeones sorpresivamente en la lona, con lengua de fuera, ya sin fondo físico por el calor extremo, Thomas Hässler controló muy mal un balón y se le convirtió pase de gol a Klinsmann, que anotó. Fin de partido y 1-0 para Alemania.

Y se seguía diciendo y pensando que los alemanes eran más fuertes, más resistentes y mejores técnicamente que los bolivianos, y con razón… pero ya dudábamos un poco.

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