Un niño de 45 años

Está muy concentrado viendo el partido Freiburg-Werder Bremen. Raro, muy raro. No es alguien que suela seguir la Bundesliga, no es algo que le interese mucho. Desconoce por completo los elementos de cada plantel, ignora la historia de dichos clubes, no tiene idea de su ubicación actual en la tabla general. Sin embargo, presta demasiada atención al juego.

-Pareces poseído. ¿Qué ves o qué?

-En realidad, nada. Bueno, sí, el fútbol mismo.

-Explícate.

Comienza subrayándome su edad, 45 años. Con esa señal, prosigue contando que en sus tiempos no había manera de informarse sobre lo que acontecía en el balompié internacional, mucho menos acercarse a una idea visual sobre cómo jugaban y vestían clubes de otros países.

-Cuando salían ediciones especiales de Mundiales, las fichas citaban jugadores y equipos que nosotros no conocíamos. Si acaso de oídas. No existían las tecnologías de ahora, y solamente nos quedaba ver la liga local y la Copa del Mundo. Creo que nuestro conocimiento futbolístico es reducido por el hecho de haber estado limitados a lo que sucedía alrededor del mundo. Hoy es distinto.

Frente al televisor, apreciando un encuentro que bien podría pasar desapercibido para muchos, él se siente un niño, un chamaco gustoso de descubrir un nuevo universo, de tener al alcance la posibilidad de empaparse con algo que en su época ya existía pero desconocía. Freiburg y Werder Bremen le dan lo mismo, no así la oportunidad de ver un fútbol que le ayuda a mantener su interés y pasión por el balón.

-Acaba el partido y me olvido. Pero cuando lo estoy viendo, lo disfruto. No sé, quizá yo esté mal.

-No, no lo creo.

Regresa la mirada al televisor, a perderse en un duelo que para él tiene una importancia mayúscula. Junto a mí no está un hombre de 45 años, sino un niño embobado con el fútbol.

FacebookTwitterWhatsAppEmail

Comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *