La urgencia por llenar el álbum

Ha salido a la venta el álbum Panini del Mundial 2014. Ni tardos ni perezosos, los futboleros que gustamos de coleccionar y llenar tan tradicional álbum pondremos manos a la marcha para comprar sobres, intercambiar estampas y traumarnos con las repetidas. A expensas de ser criticados por quienes consideran que se trata de pérdida de dinero y tiempo en balde, compartiré con ustedes un pasaje en torno al tema.

Alemania 2006

El arranque de la Copa del Mundo se aproxima. Estoy feliz, por no decir satisfecho, de ver que mi álbum está por llenarse. Me falta una estampa, solamente una. Seguramente será fácil encontrarla pues doy por hecho que el surcoreano que busco está en manos de alguien cansado de cargar tantas estampas repetidas. Más aún cuando los jugadores de Corea del Sur aparecen por granel en los sobres. Choi Jin-Cheul es el nombre del futbolista que necesito.

Me reúno con mis amigos y nada, ninguno lo tiene. Acudo con conocidos para ver si cuentan con él. Tampoco. Dedico ocho días a la búsqueda, pero la paciencia se agota. No es posible que, entre todos los surcoreanos que tienen repetidos, el mío no exista. Aflora la desesperación, el reto de encontrarlo a la brevedad. Carajo, ¡sólo me falta una!

-Ve al mercado. La señora del puesto de juguetes intercambia estampitas. Date una vuelta.

Hago caso al tip y voy con la señora. En efecto, intercambia estampitas. No obstante pone sus condiciones: por cada estampa que ella da, tú le das cinco. O bien, cada estampa tiene un precio de cuatro pesos. Vaya que le saca jugo al negocio, y es que posee estampas que son difíciles de hallar como logos o la mascota mundialista.

Saca una enorme caja repleta de estampas. Como si se tratara de un archivo, las ha separado por numeración y nombre de la selección correspondiente. Le indico Corea del Sur, revisa y Choi Jin-Cheul luce por su ausencia. ¡No puede ser!

-Regresa mañana. Hoy en la tarde vienen a cambiarme más, quizá me den la que buscas.

Retorno al día siguiente. Nada. Los mismos surcoreanos que ayer. Dos niños llegan para hacer trueque con la señora. A uno le faltan 20 estampas para llenar su álbum, al otro 10. No encuentran las que necesitan. Sin embargo, yo sí las tengo. Les pido que me dejen echar ojo a sus álbumes. ¡Tienen a Choi Jin-Cheul!

Sin pensarlo dos veces, apelando a la malosa urgencia, les propongo un trato: les doy las que les faltan siempre y cuando uno de ellos me dé al surcoreano. Los muy condenados escuincles todavía piden tiempo para analizarlo. Después de un minuto, aceptan. Se avientan un volado para saber quién habrá de dármela. El perdedor despega de su álbum a Choi Jin-Cheul y les doy las estampas prometidas.

Se van contentos con sus estampas, y yo con la mía. Corro a una papelería, compro un pritt y pego a Choi Jin-Cheul. He llenado mi álbum. En esos momentos no me gana remordimiento alguno respecto al niño que habrá de padecer lo mismo que padecí. La cruda moral aparece el día después, por lo que voy al mercado.

-Joven, ¡ya tengo la que busca!

Le suplico a la señora que la guarde para un niño que tarde o temprano vendrá por ella, para el único niño que estará necesitado de Choi Jin-Cheul.

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