Descubriendo una locura

Lleva 10 minutos recargada junto a la puerta bebiendo su té de quién sabe qué. Se ha dedicado a observarme. Es algo nuevo entre nosotros. Desde que vivimos juntos, un año lo avala, jamás se había aparecido por el estudio cuando me dedico a escribir, cuando me aíslo a teclear emociones futboleras.

-¿Estás bien? ¿pasa algo?

-No pasa nada, estoy muy bien.

-¿Entonces?

-Eres otro cuando te sientas a escribir. Ya sé que es tu espacio y tu momento, pero me nació la inquietud de verte, de saber cómo te pones. ¿Por qué manoteas? Jajajaja, eres muy intenso.

-Así es el fútbol.

-¡¿Por qué no te había visto antes?!

La invito a sentarse a mi lado. Pregunta sobre qué escribo, y le respondo que un relato basado en una anécdota de mi infancia. Indaga en los pormenores de mi memoria, quiere que le cuente cómo recuerdo dicho episodio. Comienzo a platicarle.

-Es interesante ver cómo te transformas. No eres el mismo cuando ves un partido por la tele a cuando estás en el estadio. No es igual la forma en que me lo cuentas a como lo escribes. Pero te apasionas igual, aunque de distintas maneras. Por ejemplo, ahorita que escribías estabas manoteando. Y cuando me lo contabas hasta relajado te pusiste. ¡Qué raros son los futboleros!

Se levanta diciendo que ya se va a dormir. Me besa y sale del estudio. Regreso a la escritura, a manotear nuevamente. Después de una hora destinada a teclear, apago la máquina y me voy a la cama. Sobre mi almohada encuentro un papel con la frase “¡Ya descansa!”.

Al amanecer, ella no está en la cama. Me dirijo hacia el estudio, donde ya está pegada frente al monitor leyendo lo escrito por la noche. Está privada de la risa, se carcajea. Ahora soy yo el que está recargado sobre la puerta, contemplándola enfocada en mi mundo.

-¿Todo bien?

-Jajajaja, tus puntadas.

-¿Qué tienen?

-¿Sabes? El fútbol me aburre y no le entiendo del todo, pero creo que es una pasión que se disfruta dependiendo de las experiencias y sentimientos de quien los transmite. En mi vida me habría imaginado que una patada, una falta, derivara en tantas emociones.

-¿Y ahora qué piensas del fútbol?

-Lo mismo de siempre, salvo por una cosa: estoy aprendiendo a comprender al futbolero. Claro, depende del futbolero que te toque, del futbolero que elijas. Creo que, a partir de su pasión, podemos conocer más de su personalidad. Pero tengo un problema.

-¿Cuál?

-No sé si prefiero leerte o escucharte relatando tus anécdotas. Pero esa será una decisión que tome yo.

-Pues piénsalo.

Mientras lo piensa, se atrevió a cruzar una puerta aparentemente exclusiva de un solo universo, del futbolero que se esconde bajo el hombre que ella escogió para acompañarla en otros aspectos.

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