De reversa y sin ver

Finalmente lo lograron, ¡descendió el Atlante! Los más optimistas corrigen: “está virtualmente descendido”, para enseguida darse cuenta que, en efecto, los 28 goles de diferencia con el Puebla los tienen ubicados en la categoría inferior.

Los Potros de Hierro dejarán un hueco grande en el fútbol mexicano en términos generales (siempre y cuando la compra-venta exprés de franquicias no intervenga una vez más), y quedará para la reflexión de sus dueños y directivos (que vienen siendo casi los mismos) las formas y modos en que hicieron las cosas durante los últimos años.

Llegaron a Cancún por allá del 2007 como un proyecto ambicioso, con ideas de arraigo e “identidad” y de manera brillante se coronaron venciendo a los Pumas en la final. Se vislumbraba un futuro prometedor, en un lugar paradisíaco y con el apoyo de un gobierno interesado en mantener un equipo fuerte y atractivo para su gente, y obvio, para el turismo. ¡El negocio parecía redondo! ¿Y luego, qué pasó?

El Atlante es sólo un ejemplo más de la mala administración que reina en los clubes del fútbol mexicano, y es que para ser honestos, esta liga es de los “pudientes”, de los que tienen lana o en el mejor y más extraño de los casos, de los que logran un equilibrio económico-deportivo durante un periodo de tres torneos.

Hay quienes aseguran, sin pensarlo detenidamente, que con el Atlante descendido no pasa nada, que al fútbol mexicano no le afectará… Lo más preocupante de esta idea ya no sería tanto el Atlante, pues en nuestro balompié bien podrían desaparecer unos diez o doce equipos y quizás no se les extrañaría mucho que digamos. En todo caso, y respetando el punto de vista de todo aquel que se anime a expresarse a favor o en contra del Potro, de lo que no podemos ni debemos olvidarnos es de su afición, esa que hoy está sufriendo y dejando el corazón en cada uno de sus mensajes de apoyo para su equipo ya descendido. Ellos merecen una escuadra seria, dirigida con responsabilidad y manejada desde las alturas con pasión.

Atlante no tiene nada que hacer en Cancún, seamos honestos. Ya se habla que Tampico quiere fútbol y adoptaría la franquicia azulgrana en el ascenso. Otros dicen que el Querétaro terminará por desaparecer y que ahí entraría el Atlante. ¿Y acaso eso salvaría la situación general del equipo o de la institución? La realidad es que sería pan con lo mismo si no se cambia de manera radical el direccionamiento deportivo y manejo administrativo del club. (¡Aguas Puebla, Chivas, Veracruz, Pumas y Atlas!)

Todos hablan de un cambio de ciudad; sugieren plazas nuevas y se han olvidado de que el Atlante tiene una casa, sí, el DF, ahí están sus raíces, su esencia, su historia, su fiel fanaticada.

Por ahora no hay de otra, los platos rotos ya empezaron a pasar factura y no hay vuelta atrás. En todo caso, es momento de reinventarse, de salvar una tradición y a un club añejo, de prosapia y que tiene un peso específico en la historia del fútbol mexicano aunque a los “más nuevos” les parezca intrascendente su historia.

El Equipo del Pueblo debe regresar a su lugar de origen, justo donde es querido, seguido y amado, si no por millones y millones, sí por un importante número de aficionados de todas las edades que han tenido que soportar durante muchos años, décadas quizá, el jugueteo y preferencias particulares de unos cuantos que han visto en esa franquicia un baúl repleto con monedas de oro.

Ellos se encargaron de vender a medio equipo, de fortalecer a los peces gordos y de resquebrajar su paso por los últimos torneos que obviamente no entregaron números positivos a pesar de algunos buenos ratos vividos en la actual competencia.

En el Atlante vendieron muy bien y compraron muy mal. No les alcanzó, era lógico; este desenlace se veía venir desde hace año y medio y nadie hizo nada, esa es la triste realidad.

En fin, allá va el Potro, de reversa y sin ver, rumbo a un precipicio del que sólo su orgullo, seriedad y profesionalismo en todos los sentidos y niveles, lo podrán rescatar para regresarlo al sitio donde pertenece: la división de honor del fútbol mexicano.

Que así sea…

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