El aprendiz de Ámsterdam

Habían pasado dos años y continuaba hablándose de ellos. El mundo del fútbol colocaba a los holandeses como una generación de ensueño que recibiría al siglo XXI practicando un estilo de juego sustentado en un rasgo que poco a poco se iba perdiendo en las canchas, el gusto por jugar. Se quedaron en semifinales dentro del Mundial de Francia ’98, pero intentarían redimirse en la Eurocopa del 2000.

Las expectativas eran altas. Serían anfitriones y poseían un plantel equilibrado en todas sus líneas. Sin problemas superaron la primera fase venciendo a República Checa, Dinamarca y Francia. En cuartos de final no tuvieron piedad y apabullaron 6-1 a la extinta Yugoslavia. Pero se toparían a Italia en semifinales; una Italia que tuvo en el arquero Francesco Toldo a su gran héroe. En contraste, Holanda tuvo en Frank de Boer a su gran villano.

El holandés desperdició dos penales, uno en tiempo reglamentario y otro en la tanda definitiva. Toldo contribuyó a amargarle el momento, y de paso a generarle un sinfín de críticas. De Boer fue cuestionado sobre la hora en cuanto a que tendría que retirarse, fue víctima del calificativo más despiadado que se le puede esgrimir a un futbolista de su estirpe y trayectoria: “viejo”. Dolido por haberle fallado a su Selección, a sus compañeros, a la afición, a sus propios deseos de triunfo, el defensa respondió a la prensa que cuando colgara los botines todavía tendría mucho por aprender. Los colgó en 2006.

Oculto entre las sombras del retiro, alejado de los reflectores exigentes de espectáculo extracancha, inmerso en el anonimato de su andar, De Boer permaneció en el fútbol. Se dedicó a prepararse como entrenador y vivió una prueba de fuego en el Mundial de Sudáfrica 2010. Como asistente técnico de Van Marwijk, el otrora defensa padeció desde la banca un estilo de juego muy distinto al que corría por sus venas. Holanda llegó a la final practicando un fútbol de corte penitenciario, rudo, vistoso en las papeletas de las alineaciones pero no así en el césped; España superaría a la Cárcel Naranja. De Boer aprendió nociones de táctica, sin embargo no quería seguir la línea de su instructor. Escapó de los barrotes forjados por Van Marwijk para encontrar la libertad en Ajax, el club de sus amores, el que le dio la oportunidad de poner en práctica su visión futbolística tanto adentro de un campo como fuera de él.

Sin el presupuesto que poseen otros clubes europeos, sin la experiencia de otros entrenadores, creyente de que el fútbol primero hay que gozarlo, abogado de apostar por jugadores jóvenes, convencido de que arriesgar no tiene nada de malo en una época donde predomina la obsesión del resultado por encima del juego, De Boer arribó a Ajax para ganar cuatro títulos de liga consecutivos. Este fin de semana obtuvo el cuarto, convirtiéndose en el primer entrenador que gana tal número de campeonatos de manera seguida con el conjunto de Ámsterdam.

La misma prensa que lo crucificó en el 2000, la misma que le obligaba al retiro, hoy se rinde a sus pies. Ahora le preguntan qué sigue, si dejará al club para partir a otro de mayor envergadura (se habla del Barcelona). Congruente con el paso del tiempo y consigo mismo, De Boer les responde lo mismo que hace 14 años: todavía le falta mucho por aprender.

2 comentarios

  1. Maxchiva martes 29, abril 2014 at 16:19

    Genio y figura el buen De Boer, lo admiré como jugador y ahora como técnico ojalá mantenga esa buena premisa de disfrutar el fútbol antes de cualquier otra cosa, incluso del resultado. Saludos.

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